EL PERDÓN COMO REQUISITO HACIA EL FUTURO
sábado 3 julio 2021

EL PERDÓN COMO REQUISITO HACIA EL FUTURO

«Si dos se ponen de acuerdo sobre cualquier cosa y piden a Dios cualquier cosa, el Padre que está en los cielos contestará» (Mateo 18:15-35).

Por las palabras de Jesús, Pedro se da cuenta de que primero es necesario tener acuerdo para orar y que sea efectiva la pe­tición; pero el acuerdo se consigue cuando primero hemos tenido la capacidad de arreglar y perdonar nuestras ofensas unos a otros.

Dentro de este contexto, Jesús cuenta la historia de un hom­bre que vino a pedirle a su señor que le pagara los diez mil denarios que le debía, este último le rogó que le esperara un poco de tiempo y se lo pagaría. El señor movido a misericordia le «per­donó» la deuda. Este hombre salió feliz, libre y se encontró con alguien a quien le había prestado cien denarios, pero quien fuera perdonado ahogaba ahora a su deudor para que le pagara. «Dame tiempo y te lo pagaré todo», le prometía el deudor. Y esta persona ingrata a quien se le eximió una gran deuda no lo quiso perdonar y lo mandó a la cárcel hasta que pagase todo. Cuan­do el señor se enteró de lo sucedido, lo calificó como un siervo malvado, «¿no pudiste tener misericordia de él como yo la tuve de ti?» Por no hacerlo, le quitó el favor del perdón (la gracia), lo volvió a culpar por la deuda y lo mandó a la cárcel a sufrir en manos de verdugos.

  • El primer efecto por no perdonar: hace enojar a su Señor.
  • Segundo: le quita la gracia del perdón.
  • Tercero: lo encarcela y lo pone bajo verdugos que eran quienes lo maltrataban y lo hacían sufrir.

El versículo 35 dice que «así hará el Padre celestial con noso­tros si no perdonamos de todo corazón a nuestros hermanos las ofensas».

¿Qué ocurrirá si no perdonamos? Haremos enojar a nuestro Señor, perderemos el privilegio de la gracia divina que opera el favor de Dios en nosotros, y caeremos en prisiones espirituales donde, por no perdonar, habilitaremos a fuerzas demoníacas para que actúen en contra de nosotros como verdugos trayendo sobre nosotros castigos, maltrato, enfermedad, tristeza, angustia, etc. Por eso el apóstol Pedro pregunta “cuántas veces debo perdo­nar a mi hermano que ha pecado contra mí… «¿hasta siete? No, sino te digo hasta setenta veces siete», le contestó el Maestro.

Cuando te presentes ante Dios y vengas con tu ofrenda al altar y veas que tienes algo en tu corazón contra alguien, deja tu ofrenda en el altar, ve, arréglate con tu hermano y luego ven y trae tu ofrenda.

Generalmente nuestra vida queda bloqueada, no podemos ex­tendernos hacia los planes de Dios y somos privados de grandes bendiciones porque la falta de perdón anula nuestro avance. Hoy es el día para que sueltes el perdón como un acto de gracia de la misma manera que Dios te perdonó a ti.

El Padre nuestro dice: “…perdona nuestras deudas así como nosotros perdonamos a nuestros deudores». El perdón de Dios hacia nosotros está condicionado en la medida en que perdonamos a los demás; si nosotros no podemos perdonar no solo seremos los más afectados porque «tendremos a los verdugos sobre nosotros», sino que Él no nos podrá perdonar a nosotros.

Según la historia que leímos de los dos deudores, debemos extender la misericordia hacia los demás así como el Señor la ex­tendió hacia nosotros. La proyección de nuestra vida hacia el futuro para que seamos libres, saludables y efectivos para el propósito de Dios, tiene que estar despojada de toda raíz de amargura y resentimiento. Para ser sanados de estas cosas debemos administrar el perdón como un acto de gracia.

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