LA VERDADERA GRANDEZA
viernes 20 agosto 2021

LA VERDADERA GRANDEZA

Dice La Biblia que el pastor que regresa de haber alcanzado la oveja perdida con gozo la pone sobre sus hombros. Una oveja pesa 50 kilos, por lo que si me tocara ser el pastor, seguramente la disciplinaría: “¿Por qué te perdiste? Te voy a castigar la próxima vez”. Pero este pastor vuelve a su casa gozoso. 

¿Sigues teniendo gozo en tu servicio al Señor?, ¿o de repente viene alguien a la iglesia y piensas: “Otra vez esta persona”? Cuando en aquello que hacemos perdemos la alegría, el amor y la pasión, nos frustramos. El maltrato hacia los demás es un buen termómetro para medir nuestro ministerio y nuestro servicio. No nos olvidemos de que tenemos que ser siervos. El jefe es el que manda, en cambio el líder es el que va por delante con su ejemplo y es el primero que tiene que levantar las sillas. No importa cómo se llame, debe mostrar su disposición. La frustración genera estrés, y este nos enferma.

No fuimos llamados a tener éxito, fuimos llamados a ser fieles. Tal vez te preguntes: “¿Por qué Dios no me da lo que le da a ese otro pastor?”. La respuesta es sencilla: porque quizás Él sabe que eso no te ayudará, no te hará bien en tu rol. Por eso, es importante que te mantengas fiel y recuerdes que se trata de ser siervo, no de ser jefe. 

En Mateo 20:26-28 Jesús dijo: “Pero entre ustedes no debe ser así. Al contrario, el que quiera hacerse grande entre ustedes deberá ser su servidor, y el que quiera ser el primero deberá ser esclavo de los demás; así como el Hijo del hombre no vino para que le sirvan, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos.”

Si quieres ser un gran pastor, el Señor no tiene problema con eso; sin embargo, Él mismo expresa que el que quiere ser grande, el que quiere ser el primero, tiene que servir a los demás. Lo que sí le importa a Dios es el método que utilizas. El método para liderar consiste en ser siervos, ese es el camino que Jesús nos mostró. ¿Quieres tener una posición de liderazgo? La forma de lograr esa posición es sirviendo a otros. 

Entre nosotros, dice Él, no tiene que ser como entre los gobernantes, que se pisan las cabezas, que se tapan el uno al otro, que desconfían hasta de su sombra. “Yo no tengo problema con el que quiera ser el mayor”, dice Jesús, pero será por medio del camino del servicio que Él nos enseñará cómo obtener verdadera grandeza. No busques el esplendor, busca servir. 

Solamente las personas seguras de sí mismas pueden servir. Es interesante el hecho de que los líderes y los pastores inseguros aman el poder, pero los líderes y los pastores seguros aman servir, aman tomar la toalla para lavar los pies de los demás. Difícilmente un pastor quiera servir a los demás si es inseguro, por el contrario, seguramente él se parará sobre el poder.  Créeme, si en tu iglesia debes decirle a alguien “¡Porque yo soy el pastor!”, tienes un gran problema. Si no pueden reconocer tu autoridad, algo funciona mal en tu construcción. Si tenemos problemas con la autoridad, necesitamos rever nuestra manera de servir, porque la autoridad no se puede imponer, hay que construirla.

La integridad y el servicio son dos principios fundamentales en el carácter de Jesús. ¿Cómo se imprime ese carácter en nuestras vidas? Por medio de la cruz. La cruz es el camino para que el ADN de Cristo se imprima en nosotros, para forjar nuestro carácter.

Debemos experimentar nuestro ADN en la cruz del Calvario. Nosotros no tenemos esa cultura de la muerte de cruz, pero los discípulos veían constantemente pasar al crucificado por las calles. Cuando veían a alguien cargando una cruz, sabían que esa persona se había despedido de la familia, de los amigos, y no volvería atrás, porque moriría poco tiempo después. La cruz no buscaba corregir, lo único que hacía era matar. 

Jesús dice en Marcos 8:34: “Si alguien quiere ser mi discípulo (…) que se niegue a sí mismo, lleve su cruz y me siga”.  Esta fue la experiencia que vivieron los discípulos. Por más buena prensa que le demos a la cruz, esta tiene una imagen negativa, porque en aquella época no se trataba de un tiempo de entrenamiento, un seminario de capacitación o un retiro de renovación, lo único que hacía la cruz era aniquilar el “yo”. 

¿Cuál es nuestro gran problema actual? Que en medio de esta cultura post moderna, todos queremos y luchamos por vivir. La ciencia se entrena para ayudarnos a estirar nuestros años y nuestra calidad de vida; pagamos un servicio de salud que nos asista, vamos al médico y hacemos cualquier cosa para que el mejor médico nos asista cuando tenemos una enfermedad. Buscamos vivir, y no solo eso, también queremos hacerlo de la mejor manera, siempre progresando en la medida de nuestras posibilidades. Ese es nuestro mayor desafío y problema, porque la cruz nos invita a morir, a estar dispuestos a dejarlo todo, a entregarlo todo, a matar el “yo”. 

Esta es la razón por la que muchas veces, tenemos una lucha interna. La cruz es el lugar donde se forja el ADN pastoral, y sin cruz no puede haber carácter de Cristo ni avivamiento. ¿Cuál es el mejor avivamiento? El que vendrá, el que está por venir. Jesús reservó el mejor vino para la última hora, y Él tiene tus mejores días, los mejores milagros, el mejor avivamiento por delante. Pero no puede haber Pentecostés si no hay cruz. La palabra “Pentecostés” habla de cincuenta días desde la cruz, desde la Pascua, hasta el momento en el que desciende el Espíritu Santo. Por eso, si no hay cruz, no puede haber Pentecostés. 

Algunos quieren Pentecostés, pero no quieren cruz, y no se puede experimentar al Espíritu Santo si no estamos dispuestos a morir. Para que Dios sea nuestro todo, nosotros tenemos que ser nada… ¡y a nadie le gusta ser nada! Todos luchamos para ser algo o alguien en la vida, para que nos reconozcan. El Espíritu Santo solo puede llenar nuestro todo si encuentra nada en nosotros, y eso se logra en la cruz. Ese mensaje sencillo, simple, básico, primario de nuestra conversión es el lugar donde se despierta la visitación del Espíritu Santo. Y cuando alguien está dispuesto a morir, se activa el reloj de la renovación espiritual sobre su vida. Será cuestión de tiempo, pero el Espíritu Santo te visitará cada vez que pongas en actividad el reloj de la cruz. Prepárate, porque la visitación del Señor viene en breve. ¿Estaremos dispuestos a pagar ese precio? 

 

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