CULTIVEMOS EL HÁBITO DEL DESCANSO
miércoles 31 agosto 2016

CULTIVEMOS EL HÁBITO DEL DESCANSO

Pablo nos dice en Romanos 12:1-2: “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo…”. No podemos seguir las corrientes de este mundo ni vivir como ellos viven, imitando sus conductas. “…sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento”. Debemos pensar diferente y ser buenos ejemplos. Uno de los hábitos claves que tenemos que adquirir en nuestras vidas es el hábito del descanso.

Dios les dijo a los israelitas (Éxodo 20:11): “Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el día de reposo y lo santificó”. Y en el verso anterior (20:10): “el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios; no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas”. En otros términos, Dios apartó ese día, lo declaró ‘especial’, y lo santificó; y lo mismo debemos hacer nosotros.

Luego de crearlo todo -dice la Biblia en Génesis 2:2- Dios descansó. Isaías 40 muestra que Dios no se cansa como nosotros, le da fuerzas a los jóvenes y aun a quien no tiene ninguna, pero así mismo, Dios es nuestro ejemplo de descanso ya que Él lo hizo primero. Cómicamente, a veces, a aquellos que enuncian: “si el diablo no se toma vacaciones, entonces yo tampoco”, les digo: ¿y desde cuándo el diablo es tu ejemplo…? Nuestro ejemplo es el Señor que, aunque no necesitaba descansar, lo hizo para dejarnos la referencia y enseñarnos a vivir una vida productiva. La Biblia menciona que Dios descansó, no que necesitaba descansar o que se cansó.

Como siervos del Señor debemos aprender a esperar en Él (y vuelvo a Isaías 40:31): “pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán”. Al esperar en el Señor vas a sentir esas fuerzas renovadas, vas a sentir que el Señor te vivifica en el ser interior, experimentarás que cuando esperas en Dios viene sobre tu vida la gracia, el favor, la bendición y las ideas del Señor.

Descansar o esperar en el Señor demuestra la fe que tengo en Él. Cuando estoy ansioso o preocupado es porque no confío plenamente en que Él está en control. Esa preocupación toma el lugar de nuestra fe, esa fe que deberíamos depositar en Él. ¡Dios está siempre en control! Y si tienes fe en Él podrás estar tranquilo, descansar apoyado en las promesas del Señor, estarás confiado que Dios te sacará del lodo cenagoso o del pozo de la desesperación. Cuando tomo tiempo para descansar en el Señor me abro a ese milagro que Dios quiere hacer en mi vida.

Descansar no significa estar roncando todo el día, durmiendo muchísimas horas, ¡no! Durante mi descanso, durante mi ‘sábado’ qué importante es que tome tiempo para buscar la presencia de Dios. Al tomarme tiempo para descansar debería seguir el ejemplo de Jesús, Él se iba a los lugares desiertos a buscar a Dios. Dedicaba tiempo a la oración, a la contemplación, a la meditación; en esos tiempos de descanso permitía que el Padre le hable, lo guíe y oriente.

Jesús mismo nos invita diciendo: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas” (Mateo 11:28-29) Esto nos enseña que la mejor manera de descansar es darle la prioridad a Dios. “No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo 6:31-33).

Cuando me tome tiempo para descansar sería bueno que planee qué voy a hacer en ese período. La prioridad número uno: buscar la presencia del Señor, dejar que Él me hable. Hay personas que en la etapa de vacaciones emprenden tareas que quedaron pendientes por meses: levantar la pared caída, sacar los escombros, limpiar la heladera, desmalezar, lo último que hacen es descansar, relajarse y distraerse. Después de las vacaciones terminan más cansados que al comenzarlas.

Lo ideal sería decidir de ante mano qué libro voy a leer, qué película voy a disfrutar, qué deportes puedo practicar, qué tiempo en familia puedo pasar.

La Palabra dice que tenemos que presentar nuestros cuerpos como sacrificio vivo delante de Dios. Que puedas ejercitar tu cuerpo para sacar toda tensión nerviosa que producen las tareas agotadoras, oxigenarte el cuerpo para estar más alerta, para quitarte el desgano, el desánimo, o para evitar el estrés. Muchas enfermedades psicosomáticas podrían evitarse si nos dedicamos a cuidar nuestro cuerpo -templo del Espíritu Santo- haciendo deportes, descansando, estando en contacto con la naturaleza.

Que Dios te dé la gracia de poder vivir esa vida ejemplar. Siguiendo el modelo de Jesús que descansaba y de nuestro Padre celestial que descansó. Que le puedas dedicar tiempo al descanso físico, dedicarte a un tiempo de espiritualidad, para que puedas rendir mejor en tu servicio a la sociedad tanto como en tu servicio a Dios.

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