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TOMMY HICKS EN ARGENTINA

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TOMMY HICKS EN ARGENTINA

Mientras estaba orando, vio con toda claridad un mapa de América del Sur que estaba cubierto por un extenso campo de trigo amarillo, con los tallos inclinados y listo para la cosecha. Mientras Hicks contemplaba aquel hermoso cuadro de trigales que se mecían bajo el sol del mediodía, los tallos de trigo comenzaron a convertirse repentinamente en cuerpos humanos, hombres y mujeres con las manos en alto, que clamaban: "¡Venga, hermano Hicks! ¡Venga a ayudarnos!

Desde ese momento Hicks estuvo convencido de que Dios le tenía reservada alguna tarea especial en América del Sur. ¿Por qué en América del Sur? No tenía ningún conocimiento sobre esa región del mundo; pero no tenía ninguna duda respecto al mapa que había visto. Luego, mientras seguía orando, Dios le dio una profecía que escribió en la Biblia: “Porque no caerán dos nevadas sobre la tierra antes de que vayas a ese país, porque no irás por el mar ni por tierra, sino que volarás como un pájaro."

Tan pronto como le fue posible, Tommy Hicks pagó todas sus deudas e hizo los preparativos necesarios para viajar a una región desconocida. Tenía muy poco dinero; pero de repente comenzó a recibir una cantidad extraordinaria de correspondencia, gran parte de la cual contenía contribuciones espontáneas. En un período de diez días tuvo lo suficiente para comprar un boleto de ida a Buenos Aires, Argentina, y le quedaron 47 dólares. Un grupo de amigos fue a despedirlo al Aeropuerto Internacional de Los Ángeles, entregándole un donativo de 200 dólares más para sus gastos.

"Cuando me detuve a pensar — dice Hicks —, me pareció verdaderamente ridículo que estuviera encamino hacia un país desconocido, donde la gente ni siquiera me conocía y cuyo idioma yo no hablaba. Todo ello con pocos dólares en el bolsillo. Sin embargo, en el fondo de mi alma, me sentía en paz con Dios. . .’"

“Perón, Perón…” En la última parte del vuelo, después de tener varias reuniones evangelísticas en Temuco, Chile, el nombre de Perón comenzó a acudir a la mente de Hicks. No tenía ni la menor idea de lo que significaba la palabra “Perón”; pero tenía el convencimiento profundo de que Dios le estaba hablando. Entonces llamó a la azafata y le preguntó: “¿Conoce usted a alguien por aquí que se llame Perón?” La joven pareció sorprenderse mucho y le dijo: “Sí. El señor Perón es el Presidente de Argentina”.

El mandato quedó claro para Hicks. Dios quería que hablara con el Presidente de la nación. Los misioneros con quienes se puso en contacto al llegar a la capital argentina le aconsejaron que no tratara de obtener una entrevista con el Presidente. Dudaban mucho que se la concedieran. Además, temían que con sólo aproximarse al despacho del Presidente, correría el peligro de ser arrestado.

Sin arredrarse, Hicks solicitó una entrevista con Juan Domingo Perón. Después de insistir en su petición, fue recibido en el despacho del ministro de Relaciones Exteriores y Culto; pero al parecer no pasaría de allí. Perón no podía recibir más visitantes ese día porque esperaba la visita del presidente de Panamá.

Entonces el secretario del ministro de Relaciones Exteriores y Cultos entró cojeando a la oficina. Tenía la pierna izquierda amoratada y sus músculos rígidos. También se le había hinchado mucho la rodilla, y pidió permiso para irse a casa. Hicks sugirió que oraran por él. Entonces el secretario se burló de él, diciendo: “Aunque estuviera aquí el mismo Jesucristo, no podría curarme la pierna”. Tommy Hicks dio unos pasos hacia el hombre, se arrodilló y puso sus manos sobre la rodilla enferma. Luego oró, pidiéndole a Dios que manifestara su poder. Hicks sintió que los músculos comenzaban a aflojarse. El secretario abrió mucho sus ojos, lleno de asombro. ¡El dolor había desaparecido! Hicks se dirigió al ministro, que se había quedado como viendo visiones, y le preguntó: “¿Puedo ver ahora al Presidente?” “Yo mismo lo voy a llevar”, le respondió el ministro, con una sonrisa amistosa.

Dios había preparado el camino. El Presidente Perón se mostró cordial y afectuoso. Hacia el final de la entrevista, le dio un abrazo, le agradeció sinceramente su visita y oraron juntos. A continuación Perón le ordenó a su ayudante que le concediera a Hicks lo que pidiera. La primera petición que hizo y le concedieron fue el uso de un gran estadio y libre acceso a la prensa y la radio del gobierno.

Ciertos estudios sobre la iglesia han revelado la importancia crucial que tuvo la campaña de Tommy Hicks en 1954 para la Iglesia Evangélica en Argentina. Arno Enns, autor de un libro clásico de historia eclesiástica para la Argentina, calificó la campaña de Hicks como “un acontecimiento soberano de Dios, de decisiva importancia”.

El libro Avance evangélico en la América Latina, de gran influencia, dice: “Muchos evangélicos de la República Argentina, ya estén de acuerdo con la teología de Hicks o no, admiten que sus reuniones quebrantaron la rígida resistencia argentina al testimonio evangélico.

Hicks predicó durante cincuenta y dos días, con una asistencia total de cerca de dos millones de personas. Un diario de Buenos Aires estimó que la asistencia al culto de clausura se elevó a doscientas mil personas. 

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