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LOS CIELOS AÚN ESTÁN ABIERTOS

Por Carlos Annacondia
LOS CIELOS AÚN ESTÁN ABIERTOS

Mi ministerio lo comencé en las villas, mis campañas muchas veces las hago cerca de villas y siempre busco los lugares donde hay necesidad porque digo: “O vamos nosotros por ellos o ellos vienen hacia nosotros”. Hay que ganar a esa gente para que salga de la droga, de la violencia.

Así fue como dije: “Un jueves te acompaño”. Llegó ese jueves y cuando llegamos estaba lleno de personas esperando con niños pequeños. Al llegar el momento de la oración me rodearon y los toqué. Algunos cayeron al suelo, incluso las mujeres con sus bebés. Entonces pensé: “¡Cuánta necesidad!”.

De repente, apareció una mujer que me enganchó el brazo y me dijo: “Venga a mi casa” y me llevó por donde había un arroyo y a cien o cincuenta metros se encontraba un ebrio. El hombre vivía alcoholizado de la mañana a la noche, su único deporte era tomar vino. Iba a la Municipalidad de Quilmes, porque trabaja ahí, marcaba la tarjeta ebrio y volvía igual para seguir bebiendo. Fuimos hasta la puerta de la casa, en medio de la villa, y el hombre salió emocionado a la puerta. Le hablé y le pedí que repitiera: “Yo quiero salir de esto”. A los cinco minutos ya estaba más fresquito, el 80% del alcohol en su cuerpo había desaparecido. Cuando me paré en la puerta de esa casa, escuché a alguien decir: “Jesús viene a visitarnos”.

Necesitamos volver a la senda antigua. El pasaje de La Biblia de Mateo 25:34 nos invita a examinar y meditar entre seguir entre cuatro paredes o salir a la calle a hablarle a la gente, ir a los hospitales donde están los enfermos: “Entonces dirá el Rey a los que estén a su derecha: “Vengan ustedes, a quienes mi Padre ha bendecido; reciban su herencia, el reino preparado para ustedes desde la creación del mundo. Porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; fui forastero, y me dieron alojamiento; necesité ropa, y me vistieron; estuve enfermo, y me atendieron; estuve en la cárcel, y me visitaron.”Y le contestarán los justos: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te alimentamos, o sediento y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos como forastero y te dimos alojamiento, o necesitado de ropa y te vestimos?¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y te visitamos?”. El Rey les responderá: “Les aseguro que todo lo que hicieron por uno de mis hermanos, aun por el más pequeño, lo hicieron por mí”. Luego dirá a los que estén a su izquierda: “Apártense de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles.”

Ha llegado el tiempo de meditar en La Palabra y ponerla por obra. Tal vez tú me dirás que no puedes, que tienes mucha actividad. Manda a otros, a los más jóvenes, a aquellos que no están participando en ninguna actividad. No es necesario que vayamos nosotros, hay personas que están llenas de deseos de hacer cosas. ¿Por qué no enviar a quienes están desesperados por servir a Dios? Ellos irán a predicar el Evangelio a diestra y a siniestra, a ocupar los parques, las plazas, las calles, a subirse a los trenes, a los ómnibus, como lo hacíamos antes. Si nosotros hacemos lo que tenemos que hacer, estoy seguro de que Argentina cambiará. En las manos de la Iglesia está el ver una nación renovada y transformada.

Hoy los ladrones están entregándome armas y diciendo que no quieren robar más. Jesucristo es el mismo que ayer y la gente está esperando la manifestación de los hijos de Dios. Ellos preguntan dónde está Dios. Tenemos que ir a buscarlos por todo el mundo, predicar el Evangelio a toda criatura y las señales seguirán a los que creen.

cielos abiertos