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Unidad y nuevo liderazgo

Carlos Mraida
Unidad y nuevo liderazgo

De la cobertura divina sobre una ciudad depende la bendición sobre una nación. El método que Dios había usado, y sigue usando todavía, es enviar profetas y aquellos que son enviados, los apóstoles, es decir los padres espirituales. Tal vez te preguntes qué tiene que ver la bendición sobre una ciudad con que podamos levantar padres espirituales en ella. Una de las razones por las que el Señor manda profetas y apóstoles para poder manifestar Su cobertura sobre una ciudad es UNIR A LOS HIJOS.

La transformación de una ciudad depende sí o sí de que seamos uno para que el mundo crea. La evangelización depende de que seamos uno para que el mundo crea. La transformación de los ambientes de una ciudad depende de que seamos uno para poder levantar en unidad una nueva clase dirigente en todas las áreas de la ciudad y la nación. Eso no lo puedo hacer yo solo, ni mi congragación sola, lo tenemos que hacer en unidad. Cuando vemos el estado de nuestra nación y cómo lamentablemente atraviesa ciclos, pasamos de parecer que estamos en la gloria a la derrota, subimos y bajamos, sufrimos de espasmos por el deseo de tener un presidente, senadores, diputados, gobernadores e intendentes evangélicos. Un nuevo liderazgo para Argentina. No lo hicimos nunca y lo queremos hacer seis meses antes de cada elección, de un día para el otro, pero solo para la primera línea de liderazgo de una ciudad se necesitan mil; debajo de eso hay muchas líneas más, mil personas especializadas, y la verdad es que no las tenemos.

Necesitamos levantar una nueva clase de dirigentes pero, mientras lo sigamos intentando cada uno por su lado, cada uno con sus proyectos de formación, sin ser parte de un tronco unido, sin tener un plan nacional, seguirán siendo intentos aislados de gente bien intencionada, de alguna iglesia local que tiene un poco más de visión pero que en el mejor de los casos logrará levantar uno o dos legisladores para su ciudad y uno para la nación. Es decir, un hermano o una hermana en medio de una cámara formada por todos impíos donde el aporte de esa persona será muy limitado y, por lo general, sin un proyecto de país. Para lograr algo diferente, debemos indispensablemente crecer aún más en nuestra unidad.

Los Consejos Pastorales en cada ciudad han sido un avance enorme para el primer nivel de la unidad. El pastor Jorge Himitián nos enseña sobre los tres niveles de la unidad, que es la unidad del espíritu mediante el vínculo de la paz, en Efesios 4.

En el primer nivel de unidad, hay ciudades donde hay cuatro o cinco Consejos Pastorales; clamemos a Dios por ellas porque ¿cómo vamos a ir contra el espíritu de confrontación con el mismo espíritu dentro de nosotros? Pero en general hemos crecido en la mayor parte de las ciudades en ese primer nivel de la unidad del espíritu.

Para el segundo nivel de unidad, que es la unidad de la fe, dice Pablo que necesitamos reconocer en una ciudad a unos apóstoles, a otros profetas, a otros evangelistas y a otros pastores y maestros. Los padres espirituales y ministeriales en una ciudad son puestos por Dios, dice Jesús, para juntar a los hijos como la gallina, para expresarlo en terminología paulina:

Por su acción todo el cuerpo crece y se edifica en amor, sostenido y ajustado por todos los ligamentos, según la actividad propia de cada miembro.

La unidad es una de las marcas distintivas de un ministerio apostólico, o de paternidad, o de pastoreo de pastores. Si te sientes cercano a un ministerio que está a miles de kilómetros de tu ciudad, chequea que por lo menos te impulse a la unidad en tu ciudad y que también trabaje por la unidad. ¿Por qué nos resulta más fácil hablar de la unidad de los pastores de otra ciudad que verla en nuestras propias ciudades? Porque Jesús declara que somos enviados para juntar a los hijos.

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