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SU PRESENCIA EN NUESTRAS SOMBRAS

Bill Johnson
SU PRESENCIA EN NUESTRAS SOMBRAS

Orador Principal del Retiro Nacional de Pastores AOXV 2018

Por lejos, el mayor regalo que hayamos recibido jamás es el Espíritu Santo mismo. Quienes descubren el valor de su presencia tienen acceso a una intimidad con Dios que nunca hubieran soñado posible. De esta vital relación brota un ministerio de poder que antes era sólo fantasía. Lo incomprensible se hace posible porque Él está con nosotros.

“Estaré contigo” es una promesa que Dios hizo a todos sus siervos. Moisés la escuchó cuando enfrentaba el desafío de librar a Israel de Egipto. Josué la recibió cuando guió a Israel para entrar en la Tierra Prometida. Cuando Gedeón recibió el llamado de Dios para ser libertador de Israel, Dios lo selló con la misma promesa. En el Nuevo testamento Dios la extendió a todos los creyentes a través de la Gran Comisión. La promesa nos llega cuando Dios nos requiere algo que es humanamente imposible. Es importante destacar esto: Es la presencia de Dios la que nos relaciona con lo imposible.

Dios no necesita tratar de hacer cosas sobrenaturales. Él es sobrenatural. Lo único que podría hacer, sería intentar no serlo. Si lo invitamos a intervenir en una situación, debemos esperar nada menos que una invasión sobrenatural.

Parte del privilegio del ministerio es aprender a manifestar el Espíritu Santo en un lugar. Antes de entrar en un comercio, suelo orar para que el Espíritu Santo se manifieste en ese lugar a través de mí. Si necesito algo que está en un extremo del comercio, entro por el otro lado para poder orar mientras cruzo. En la medida que aprendí a permitir que la presencia del Señor se manifieste en lugares públicos, se me han presentado muchas oportunidades para ministrar.

Las personas tendían a los enfermos en las calles, con la esperanza de que la sombra de Pedro cayese sobre ellos y fueran sanados. Pero no era la sombra de Pedro la que saba sanidad. La sombra no tiene sustancia. Pedro era cubierto por la sombra del Espíritu Santo y era esa presencia la que producía los milagros. La unción es una expresión de la persona del Espíritu Santo. Él es tangible. Hubo momentos en el ministerio de Jesús en que todas las personas que tocaban su manto eran sanadas o liberadas. La unción es sustancia. Es la presencia real del Espíritu Santo y Él puede manifestarse a nuestro alrededor.

Una botella no está completamente llena hasta que rebosa. Lo mismo sucede con el Espíritu Santo. La llenura se mide por lo que desborda. Cuando nos ocupamos solo de nosotros mismos restringimos el flujo del Espíritu Santo. Nos convertimos en el Mar Muerto, en el que entra agua pero nada sale, y nada puede vivir en sus aguas estancadas. El Espíritu Santo se libera por medio de la fe y la compasión, y estas nunca son egoístas.

PRESENCIA EN NUESTRAS SOMBRAS