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crecimiento del ministerio

SERVICIO Y PREDICACIÓN

Norberto Saracco
SERVICIO Y PREDICACIÓN

La predicación y el servicio deben proponerse siempre la transformación de las personas y de la sociedad. Así como no podemos conformarnos simplemente con compartir el mensaje del Evangelio, sino que intentamos que las personas crean en Jesucristo y lo acepten como su salvador, para que sus vidas sean transformadas; de la misma manera, el servicio al prójimo no puede limitarse a suplir las necesidades inmediatas. Es necesario trabajar de tal manera que podamos afectar las condiciones que produjeron esas necesidades.

Un pastor decía una vez “no es suficiente dar de comer al hambriento, debemos preguntarnos por qué tiene hambre y entonces trabajar para darle de comer pero también para que nunca más tenga hambre”.

Cuando recibimos en nuestros hogares de rehabilitación a un joven atrapado por las drogas y el alcohol, además de ayudarle, corresponde averiguar: ¿Qué ha pasado con su hogar? ¿Qué modelo de familia tiene? ¿Qué podemos hacer para que en los medios de comunicación se proyecten modelos de hogares basados en el amor y la fidelidad, y no en la violencia y el adulterio? ¿Qué debemos idear para que se deje de vender impunemente alcohol a los menores?

Cuando ayudamos a los inundados, además del suministro de ropa y la reposición de lo perdido bajo las aguas, nos incumbe investigar: ¿Por qué la inundación? ¿Pudo evitarse? ¿Qué obras hizo el gobierno para evitar el desbordamiento? ¿Quién es responsable? ¿Qué debemos hacer como Iglesia para que esto no vuelva a ocurrir?

La predicación y el servicio son las dos caras de una misma moneda. Cada vez que queremos separarlos, debilitamos el propósito de Dios para el ser humano. La salvación que Cristo nos ofrece es integral. Comienza con la redención del pecado y el nuevo nacimiento y se hace concreta en una vida transformada y plena. Por lo tanto, nuestra misión debe ser integral, como dice el Dr. René Padilla: “debe estar orientada a la reconstrucción de la persona en todos los aspectos de su vida, tanto en lo espiritual como en lo material, tanto en lo físico como en lo psíquico, tanto en lo público como en lo privado”. Jesucristo es el Señor de la totalidad de la vida y quienes le siguen deben hacer evidente esta realidad.

Como Iglesia debemos ser sencibles a las necesidades físicas, sociales, institucionales y espirituales y obrar en consecuencia. Nuestra primera responsabilidad es y será exaltar a Jesucristo y anunciar con toda claridad que fuera de Él no hay salvación. Bien dice el Evangelio “¿De qué le sirve al hombre si ganare todo el mundo y perdiere su alma?”. Pero al mismo tiempo, sabemos que la salvación llega al ser humano en su totalidad. Así como Jesús junto al perdón de los pecados también otorgaba sanidad a los enfermos y liberaba a los oprimidos; de igual manera la iglesia en su misión debe afectar todos los órdenes de la vida. 

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