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la familia pastoral

¿Por qué el legado sí importa?

Por Sixto Porras
¿Por qué el legado sí importa?

Cuando llego a casa de mi hijo Daniel, y logro ver desde la puerta a mi pequeño nieto Emiliano, le digo emocionado: “¡Emiliano, soy tu abuelo, y esto aquí abriendo camino para vos!”. Cuando él crezca, sueño con el día en el que yo diga la primera parte de esta frase, y mi nieto termine diciendo: “… y estás aquí abriendo camino para mí”.

Pensar generacionalmente

La propuesta es que usted y yo vivamos pensando generacionalmente. Es decir, que cada decisión que tomemos, que todo lo que pensemos y hagamos, sea hecho con la absoluta intención de impactar a las futuras generaciones y de abrir camino para ellas.

Pensar generacionalmente significa, vivir tomando en cuenta a la generación que se levantará después de nosotros. Significa correr la carrera calculando cada movimiento para entregar la batuta en el tiempo correcto y de la mejor forma para convertirlos en ganadores. Significa construir un legado que podamos dejar a nuestros hijos y nuestros nietos, que trascienda aún después de que partamos y que no se trate solamente de bienes materiales.

El legado es el resultado de un proceso, del tiempo compartido, y de relaciones profundas. Es lo que vamos sembrando en la nueva generación, la marca que dejamos como huella que distingue a los que llevan nuestro apellido. Lo heredamos a través de un esfuerzo consistente y diario, con mucho sacrificio y con un fuerte sentido de destino.

¿Por qué importa el legado?

Un legado malo limitará la habilidad de nuestros hijos y nietos de responder asertivamente ante la vida. Un buen legado los preparará para los retos y les dará las herramientas necesarias para afrontar los días malos.

Si no vivimos pensando generacionalmente, no daremos la ventaja a nuestros hijos de empezar su vida en un mejor lugar; en un escalón más alto. Un mal legado, en el mejor de los casos, requerirá de mucho esfuerzo de parte de nuestros hijos para remontar lo vivido.

Un mal legado heredará un dominó de consecuencias negativas. Si no tomamos decisiones con sentido generacional, es posible que algunas consecuencias de estas decisiones afecten negativamente a nuestros hijos y nietos.

Sin un buen legado, no hay un camino que guíe a las nuevas generaciones. Quienes marcan un legado en el corazón de sus hijos, definen un camino, una visión, un grupo de valores, una identidad que los ayudará a estar menos propensos a perderse en medio de un mundo lleno de tantas distracciones.

Piense sobre su siguiente generación. Imagine sus rostros. ¿Quiénes son los herederos de su legado? Piense en aquellos que gritarán desde la puerta “estás aquí abriendo camino para mí”, y pregúntese… “¿a dónde quiere dejarlos?” 

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