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PAZ FRENTE A LA VIOLENCIA

Por Sebastián Sennewald
PAZ FRENTE A LA VIOLENCIA

Vivimos en un mundo atestado de violencia. La vemos propagada sin discriminación de ámbitos, niveles sociales, edades y geografías. La vemos instalada en la calle, en las familias, en los gobiernos, en los medios de comunicación. Aunque escuchamos a los líderes de las Naciones hablar a favor de la paz, la violencia permanece en la actualidad como la forma más recurrente para resolver conflictos.

La causa raíz de esta violencia radica en la ausencia de verdadera paz. La violencia viene como consecuencia de una relación rota con nuestro Creador, que el ser humano experimenta al nacer y que se deteriora más y más a medida que crecemos.

Al no tener nuestra relación principal con Dios sanada, no podemos experimentar paz con nosotros mismos, ni con nuestro prójimo, ni con la creación.

Jesucristo nos da verdadera paz y es la relación con Él la que nos hace experimentar una paz inigualable, distinta de la que el mundo da. El Señor mismo vino a pagar el precio necesario para sanar nuestra relación con Dios y traernos verdadera paz. Leemos en Isaías 53: 5: …. “Sobre él vendrá el castigo de nuestra paz…” Como hijos de Dios, portamos en nuestro ADN espiritual la experiencia de su paz y la unción para traerla a toda situación. Como pacificadores en un mundo donde impera la violencia, viviremos siempre el desafío de una contracultura constante donde nuestras reacciones y respuesta será inversas a lo que el mundo espera.

Como hijos de Dios, debemos:

1.- BUSCAR LA PAZ:

Debemos buscar la paz y seguirla como un estilo de vida para que se convierta en el rector de nuestra vida. Este desafío abarca nuestra relación con todas las personas, sin importar lo que nos hayan hecho o las diferencias que tengamos (Hebreos 12:14).

2.- GUARDAR LA PAZ:

Colosenses 3:15 es un llamado a que la Paz de Cristo gobierne nuestros corazones y pensamientos en todo momento. Frente a circunstancias de violencia, oposición e injusticia, el Espíritu Santo nos llena de Poder para responder guiados por su paz.

3.- ANUNCIAR LA PAZ:

Anunciar la paz que Dios ofrece mediante el sacrificio de Jesucristo es en esencia el Evangelio. Se nos ha encomendado el ministerio de la reconciliación, lo que solo ocurre cuando se vive el Reino del Señor en la presencia del mundo. Las manos de los cristianos, que alcanzan en el Nombre de Jesucristo, traen la paz verdadera.

4.- LUCHAR POR LA PAZ:

Como cristianos, no podemos ser indiferentes a las situaciones de violencia y de necesidad que nuestro país sufre. Debemos incorporar una visión integral del Shalom de Dios, buscando la restauración de la sociedad como un todo, en cuerpo, alma y espíritu. Esta visión incluye, disfrutar de vivir ante Dios, en sus dominios físicos, con nuestros semejantes y con nosotros mismos. Dios quiere que pacifiquemos la Argentina.

5- IMPARTIR LA PAZ:

Lucas 10:5 nos dice que Dios ha puesto en nosotros la capacidad de impartir la paz. Se nos ha dado autoridad espiritual para impartirla en cada situación donde nos toque intervenir, no como simple deseo sino como un canal para que el Reino de los Cielos se establezca en las vidas, las familias y las ciudades.

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