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la familia pastoral

LIMITES QUE CONDUCEN A LA PLENITUD

Sixto Porras
LIMITES QUE CONDUCEN A LA PLENITUD

Orador Principal del Retiro Nacional de Pastores AOXV 2018

“¿Qué hice?”, dijo este joven, que por dejarse provocar consintió en una competencia de autos en plena ciudad. No habían transcurridos dos minutos, cuando su auto atropelló a una niña que cruzaba la calle. “¿Qué hice, Dios mío, qué hice?”. Vio su vida transformada de un momento a otro. Ahora, está recluido en una prisión, perdió su libertad, comprometió el trabajo de sus padres, su conciencia no le deja dormir en las noches y su futuro es incierto. Todo porque no supo controlar los impulsos emocionales. El no saber establecer límites a sus emociones le robó su alegría de vivir, su paz interior, y sobre todo, el cumplimiento de sus sueños.

La palabra límite implica lindero o término y hace alusión a algo que no se puede exceder. Por lo tanto, limitar tiene que ver con la acción de “poner límites y demarcar los linderos”. Los límites permiten conocer lo que somos y lo que no somos, y lo que podemos y no podemos hacer.

La vida es para ser vivida a plenitud y de manera intensa, pero no a costa de nuestra salud, de nuestra integridad física o de nuestra libertad (o la de terceros). Vivir de esta forma es el resultado de aprender a desarrollar las habilidades necesarias para evitar excesos, caprichos y deseos desenfrenados. Ahí es donde entran los límites, pues estos nos alejan del peligro, de los abusos y de las cosas dañinas.

También, los límites nos ayudan a definir en qué estamos de acuerdo las personas, o bien, qué compartimos y qué no. Establecer límites demarca lo que es nuestro y lo que pertenece a otros. Cuando los límites están claramente marcados, son fáciles de reconocer por todos los que integramos el grupo social y esto nos permite defender nuestros derechos ante una invasión o un hecho injusto. Los límites delimitan lo que es tolerable y aceptable de lo que es abuso o agresión. Los límites protegen, ofrecen seguridad, claridad y responsabiliza a las personas de sus acciones, lo que nos lleva a lograr una convivencia pacífica.

El aumento de la obesidad se ha convertido en un tema de salud pública. El aumento en la infidelidad ha crecido a cifras insospechadas. La ambición por lo material ha transformado a las personas en máquinas de trabajo y aun, ha llevado a crear una adicción por las compras. La adicción a las redes sociales está desintegrando familias y la dependencia a los celulares ha cortado la comunicación en los hogares.

¿Cómo llevar una vida de equilibrio? La respuesta es: estableciendo límites saludables que nos permitan vivir en armonía con nosotros mismos, con la familia y con nuestro entorno. No es fácil establecer límites que nos conduzcan a la plenitud, a la paz interior y a la realización personal. Pero si damos lugar a los límites y reglas, tendremos sentido de dirección, de orden, de estabilidad y de armonía personal, familiar y social.

¿Alguna vez ha cuestionado los límites o las reglas? ¿Cuál es nuestra actitud hacia lo que interrumpe nuestros deseos inmediatos y excesivos? Necesitamos comprender su importancia porque de eso depende nuestra salud y bienestar en todos los niveles de nuestra vida.

¿Qué se siente jugar un juego en el cual no conocemos las reglas y los límites? Todos terminaríamos peleados, frustrados, desilusionados y confundidos. ¿Y… qué sucede si en casa nuestros hijos no conocen las reglas y los límites del hogar?... ¿Comprenden mis hijos cuáles son?

Los límites establecen lo que los hijos pueden o no pueden hacer, y permiten que el padre y la madre ejerzan su autoridad. Los niños necesitan vivir con límites que les ayuden a desarrollar la habilidad de controlar los impulsos obsesivos.

En una familia, los límites promueven la salud, la autonomía y la formación de personas útiles a la sociedad. Asimismo, proporcionan un sentido crítico de posibilidades y limitaciones, de discriminación entre lo real y lo irreal, y por lo tanto, de tener un pensamiento sano y una adecuada imagen personal.

Los hijos que crecen en un ambiente familiar en el que hay valores morales, claridad en la comunicación y límites definidos, desarrollan mayores habilidades para responder a diferentes situaciones y presiones, tanto internas como externas.

Las reglas y los límites no se pueden poner antojadizamente o en un momento de enojo. Los límites, las reglas y las consecuencias se definen previamente, se explican claramente, y como padres, es nuestra responsabilidad aseguramos que todos los miembros de nuestra familia las hayan comprendido bien.

Si aún no tiene reglas y límites claros, debe seguir tres simples pasos:

Elabore una lista de las reglas y límites más importantes.

Haga una lista de las responsabilidades de cada miembro de la familia.

Establezcamos una lista de las consecuencias que habrán si no se cumplen.

Para evaluar

Responda a estas preguntas con un: “Nunca”, “Rara vez”, “Algunas veces” o “Frecuentemente”.

¿Mi hijo comprende y acepta las reglas y las consecuencias que tenemos en nuestro hogar?

¿Mi hijo comprende y acepta las reglas y las consecuencias que hay en la escuela?

¿Mi hijo sigue las reglas y los límites que hay en la comunidad?

¿Mi hijo recibe el consejo de adultos confiables?

¿Mi hijo tiene amigos de su edad que muestran un buen modelo de comportamiento y le estimulan para que haga lo correcto?

¿Mi hijo siente un estímulo positivo al hacer bien las cosas?

No podemos suponer que nuestros hijos conocen bien las reglas y los límites, debemos asegurarnos de que las conozcan claramente.

Las reglas deben revisarse y evaluarse constantemente durante el crecimiento de nuestros hijos. Puede ser difícil saber cuándo y cómo modificar las restricciones. Pero tenemos que hacerlo para ayudar a que tengan un crecimiento saludable.

Todos necesitamos mentores que nos modelen y líderes que nos instruyan, guíen y acompañen. Todos necesitamos a alguien que nos estimule hacer lo correcto. Somos los padres los primeros responsables en asumir este rol que marca a nuestros hijos de por vida.

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