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crecimiento del ministerio

LAS MANIFESTACIONES DIABÓLICAS

Por Carlos Annacondia
LAS MANIFESTACIONES DIABÓLICAS

1. EL OPRIMIDO

Es muy común ver personas oprimidas espiritualmente. Estas opresiones actúan en forma externa aunque de manera constante y con el único fin de vencer nuestra resistencia. La opresión se manifiesta a través de la tentación y la persecución. Por lo general, los cristianos padecen este tipo de opresión. Es una forma que el diablo prepara para que el hombre regrese a la antigua vida de pecado. Por eso nos dice la Palabra que no demos lugar al diablo, que resistamos.

2. EL ATORMENTADO

Los demonios atormentan a muchas personas. En este tipo, el espíritu inmundo está dentro de la persona y actúa desde allí. Es el caso del temor, la depresión, la aflicción. Pero no debemos confundirnos, la persona atormentada que manifiesta un problema espiritual no está necesariamente endemoniada. No hay tantos endemoniados en el mundo, pero sí hay atormentados por el diablo. La persona no se resiste, pero los demonios están allí y simplemente debemos echarlos y expulsarlos como manda Marco 16:17: En el nombre de Jesús. Veamos como ejemplo el caso de la mujer sirofenicia cuando le dijo a Jesús: “Mi hija es gravemente atormentada por un demonio”. (Mateo 15.22). Después de una breve conversación, Jesús le dice: Vé; el demonio ha salido de tu hija. (marcos 7.29). Si le dijo: “Ha salido”, es porque estaba adentro. Si no, le hubiera dicho: “Se fue de al lado de tu hija”.

La persona atormentada no está endemoniada. Hay un campo de su vida que está bajo la influencia del diablo porque no se ha entregado al Señor o porque hay un pacto o una atadura, hay odio o resentimiento. Usted sabe bien que cuando estos sentimientos están guardados en el corazón, hay una puerta abierta para que el diablo entre en nuestra vida y haga un desastre. Esto es claro y real, no es un invento.

3. EL POSEÍDO

La persona poseída pierde momentáneamente el control de su cuerpo y voluntad.  Luego de recibir ministración a través de la liberación y la consejería, no recuerda . lo que atravesó en los instantes previos a su liberación. El endemoniado pierde el control de sus actos. Es aquel que hace algo y luego no lo recuerda. De pronto se enfurece, rompe y quema objetos. Al reaccionar, y cuando le preguntan por lo sucedido, no lo recuerda.

Analicemos el caso de la madre que lleva a su hijo para que Jesús lo libere de un espíritu mudo. Ella le comenta al Señor que por momento el espíritu lo tomaba, el joven se sacudía, se le llenaba de espuma la boca y crujían sus dientes. Agrega también que muchas veces el espíritu inmundo lo había echado en el agua y el fuego para matarlo, pero no lo había conseguido. Realmente creo que la fe de esta madre era grande; con qué claridad describe el padecimiento de su hijo y con qué madurez espiritual interpreta que un espíritu inmundo lo había poseído. No sabemos por el tiempo exacto, pero ella expresa que su hijo desde niño padecía este tormento. Pensemos en qué razón tenía la mujer para declarar que este era un espíritu mudo. Su hijo no hablaba, no gritaba. Ella describe muchas otras manifestaciones externas que el demonio producía en el muchacho, pero no gritaba. Ahora veamos cómo Jesús liberó a este joven. Dijo: “Espíritu mudo y sordo, yo te mando, sal de él, y no entres más en él” (Marcos 9.25). Lo primero que Jesús hizo fue llamarlo, le dijo algo así: Oíme bien, espíritu mudo y sordo. Pero si era sordo, cómo iba a escuchar. Hermano, nunca olvide que Satanás es padre de mentiras y engañador. Observe lo que sucedió después que Jesús lo reprendiera: “Entonces el espíritu, clamando y sacudiéndole con violencia, salió; y él quedó como muerto” (Marcos 9.26). Ahora sí hablaba y clamaba, ¿le cree todavía? Jesús sabe a quién estaba enfrentando. Él no se deja engañar.

4. EL ENAJENADO

Este tipo de manifestación indica una posesión completa, en forma permanente. En este caso el diablo tiene tomado el cuerpo, el alma y el espíritu. Es el polo opuesto a la persona llena del Espíritu Santo. Tal es el caso del Gadareno. Era un ser totalmente antisocial con actitudes violentas,  maltratos físicos, deseos suicidas, etc. En los manicomios podemos ver los enajenados. Miran pero no ven.

Usted les habla y no sabe si lo escuchan. No entienden nada porque a todo su ser lo dominan espíritus del diablo. Quizás se pregunte: “¿Es posible que alcancen liberación?” Dios tiene compasión también de ellos, así como lo hizo con el endemoniado gadareno que era un enajenado, lo puede hacer con cualquiera.

5. LA MALDICIÓN FAMILIAR

Con respecto a este tema hay mucho que decir. Cada vez que maldecimos estamos invocando un espíritu. Muchas de las personas que deben ministrarse en liberación son el resultado de las maldiciones vertidas por otras personas, en especial por los

padres.

Una de las maldiciones familiares más comunes es cuando abuelos, tíos o padres entregan su descendencia a pedido del mismo Satanás. Lo que ellos no saben es las tremendas consecuencias que esto les traerá. Toda clase de maldiciones generacionales engendran frustraciones y fracasos hereditarios que deben cortarse. La Biblia dice que existen ataduras en la tierra que deben desatarse en el cielo. Así es como debemos actuar. Es muy común, en especial en las culturas latinas, las ataduras realizadas a través de los mandatos y sentencias familiares. Las maldiciones heredadas las hemos recibido inc luso desde niños:  “Eres igual a tu padre”; “Siempre serás un burro”; “no sirves para nada”; etc. La palabra expresa autoridad. Dios hizo al mundo con la palabra. La palabra construye y también destruye. Es común escuchar a padres o hermanos decirles a los niños “locos” o “tontos”. A través de estas palabras invocamos espíritus demoníacos y atamos al niño. Las palabras atan.

El Señor Jesús afirmó que la Iglesia tienen autoridad para echar y reprender demonios cuando dijo: “En mi nombre echarán fuera demonios”. Estos no se expulsan a patadas, ni dándoles aceite a la persona para que lo ingiera. La verdadera misión del diablo en este mundo es matar, hurtar y destruir. Debemos creer y entender esa palabra. Él no va a dejar de molestarnos hasta que el Señor nos lleve a su presencia. Esa es su obra, su meta. Pero Dios nos ha dado autoridad y nos ha capacitado por medio de su Espíritu Santo para que podamos deshacer las obras del diablo en el nombre de Jesús.

Muchas veces creemos que es Dios el que lo va a hacer (y es cierto, Él ya lo hizo todo), pero el Señor nos dejó la autoridad y el mandato de continuar la obra que inició. No podemos entonces orar por una persona endemoniada diciendo: “Señor, libera a esta persona”. ¡Nos va a decir que ya la liberó en la cruz! Hay que tomar la autoridad que nos ha concedido y echar a los demonios en su nombre. Dios le dio autoridad a su Iglesia, a todos los que creen, no a un hombre especial. Esto es lo que tenemos que atesorar en nuestro corazón. La fe nos da autoridad.

Creo firmemente en lo que Jesús les dijo a sus discípulos cuando no pudieron echar a aquel demonio del joven lunático.  Ellos le preguntaron: ¨ ¿por qué nosotros no pudimos echarlo fuera?¨ El Señor les respondió: “Por vuestra poca fe”. Pero también les dijo algo más: “Este género no sale sino con oración y ayuno” (Mateo 17.1921).

Entonces, ¿qué sucedió? ¿Se contradijo el Señor? No, de ninguna manera, Él nunca se contradice. Cuando alguien tiene fe, mueve montañas. Pero cuando la fe flaquea, tenemos que buscar el rostro de Dios porque es un don que proviene de Él. La fe no es un atributo humano, sino un don que viene de Él. La fe no es un atributo humano, sino un don que viene del cielo. Si usted quiere fe, búsquela, porque Dios es “galardonador de los que le buscan”. Si usted tiene una fe poderosa, esa que mueve montañas, no hay diablo que se le pueda resistir. Pero si no está en esa condición, tiene que buscar en oración y ayuno que el Señor lo llene de su unción, de su poder y su autoridad.

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