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la familia pastoral

La madre de todos

Bernardo Affranchino
La madre de todos

Génesis 3 es un pasaje que algunos han llamado “Las maldiciones de Dios”, aunque personalmente no estoy de acuerdo con el título. Creo que Dios no los maldice, sino que les explica las consecuencias de haber tocado lo que no debían.

Hay una frase muy significativa en el versículo 16: A la mujer le dijo: “Multiplicaré tus dolores en el parto, y darás a luz a tus hijos con dolor. Desearás a tu marido, y él te dominará”. A partir de ese momento, como la mujer pasó a llamarse “Eva”, que quiere decir “la madre de todos los vivientes”, también se sintió madre de su marido.

Por eso, siempre sabe lo que el marido debe hacer. Por ejemplo, llamo a mi esposa y le anuncio: “Estoy yendo a casa”.“¿Por qué no pasas por el supermercado?”, me pregunta. “No, estoy cansado, voy para casa”. “Pero te convendría ir al supermercado”. “¿Por qué me convendría ir al supermercado?”. “Porque si no vas hoy, tendrás que ir mañana, y mañana tienes un día peor que el de hoy. Si vas mañana, tendrás que ir a las corridas, si lo haces ahora, podrás ir tranquilo y terminar con el asunto”. Finalmente, decido pasar por el supermercado. Mientras estoy manejando, pienso: “¡Qué notable que no me había dado cuenta de que quería ir al supermercado; qué bueno que la tengo a mi esposa que me explica lo que en realidad yo quería hacer pero no me había dado cuenta!”. A veces, cuando alguien me pregunta: “¿Bernardo, hacemos tal cosa?”, si mi esposa Marisa está conmigo le consulto: “¿Yo quiero hacer esto?”. Y ella me explica todo, porque la mujer es Eva. A partir de la caída, se siente madre de todos, razón por la cual siempre tiene una opinión y suele saber exactamente qué es lo hay que hacer. Durante los últimos años ha habido un avance irremediable de las mujeres, quienes incluso han comenzado a opinar de fútbol, un territorio en el que los varones nos refugiábamos a experimentar un deporte de mucha testosterona. Ellas han comenzado a comprar el diario Olé y ahora opinan de fútbol. ¡Ya prácticamente no nos queda nada!

Más allá de los chistes, esta es parte de la tensión en el matrimonio. La frase de Génesis que dice: Desearás a tu marido puede ser traducida también como: “Los pensamientos de tu marido son tuyos”. Así es como aparece en La Biblia de las Américas o en la de Jerusalén. Pero la contrapartida, la diferencia, es que el hombre se siente dueño de la mujer. La frase: … él te dominará no significa que ella lo recibirá como su dueño, sino que él se parará como el dueño de ella. Por supuesto, una esposa que cree saber un poco de absolutamente todo puede llegar a ser algo incómodo; pero un marido que se cree el dueño, en el peor sentido del ejercicio del señorío, puede llegar a ser destructivo.

En un momento de nuestra sociedad en el cual se habla de violencia de género más que nunca antes en la historia, ¿no será oportuno preguntarse si esto no será la raíz del problema de dicha violencia? Muchos varones se creen dueños de las mujeres, y esto se hace evidente cuando las consideran objetos sexuales o las maltratan a puertas cerradas, en el hogar. ¿Podrá llegar a pasar lo mismo en el hogar cristiano? La Biblia dice que los cambios de la nación empiezan por la casa de Dios. ¿Los varones de Dios también se creerán dueños de sus mujeres? Lamentablemente, la respuesta es “Sí”. Es muy posible que la raíz del maltrato hacia la mujer sea espiritual, hasta es factible que dicho maltrato ocurra en los hogares de los pastores, quienes tal vez no ejerzan violencia física, pero destratan a sus esposas como si fueran solo un objeto de su propiedad. También cabe la posibilidad de que las esposas estén paradas en la posición de creer que lo saben todo, e incluso si son cónyuges de un pastor, crean que pueden dirigir los pensamientos de sus esposos.

En una pareja sin Cristo, cuando una mujer quiere dirigir los pensamientos del varón, muchas veces se producen rupturas. En el ambiente cristiano se producen menos rupturas, aunque cada vez convivimos más; cosas que eran raras hace unos años hoy se han empezado a ver más y más. Si fuera verdad que los cambios que queremos ver en la nación tienen que comenzar por la casa de Dios, entonces somos nosotros, las casas pastorales, quienes tienen este desafío y la responsabilidad tanto espiritual como de enseñanza en nuestro ministerios.

Mi pastor solía decir: “Todo baja, nosotros transmitimos con lo que enseñamos con nuestra palabra, con nuestra ministración y con nuestras oraciones, pero mucho más con nuestro propio andar y nuestra propia manera de conducirnos”. Apareció Eva y la mujer quedó reducida a ser madre, y todavía lucha por salir de ese lugar. La sociedad ha maltratado a la mujer a tal punto que la ha reducido en muchos lugares (y no pienses solamente en la Argentina) a roles de servidumbre. 

La madre de todos