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la familia pastoral

LA BATALLA POR NUESTROS HIJOS

Jorge Sennewald
LA BATALLA POR NUESTROS HIJOS

Hay hijos que están apartados o debilitados, no solamente por las estrategias de Satanás y por sus propios errores, sino porque los padres no han ejercido la autoridad en el nombre de Jesús para hacer guerra espiritual y ordenarle al diablo que los devuelva.

En el pasaje tan conocido 1 Samuel 30, David vuelve con su ejército al campamento y lo encuentra todo quemado. No hay nadie, ni las esposas, ni los esposos ni los hijos. Todos están desesperados, entonces David se tira al piso y se pone a llorar. Los soldados empiezan a criticar: “Nos fuimos a la batalla y ahora perdimos a todas las familias”. Todo ha sido quemado, las casas, el ganado. Y David, tirado en el piso y sollozando, pide el efod para consultar a Dios y le dice así (v.8): “Debo perseguir a esa banda? ¿Los voy a alcanzar?”. “Persíguelos”, le respondió el Señor. “Vas a alcanzarlos, y rescatarás a los cautivos”.

Más adelante vemos que nada de lo que era de ellos les faltó. David lo recuperó todo, pequeño o grande, hijos o hijas, botín o cualquier otra cosa que habían tomado para sí. El diablo te devolverá todo lo que te robó.

La hija de un matrimonio amigo muy querido que sirve a Dios de toda la vida se apartó, dejó a su esposo y se fue con otro muchacho. Todos orábamos y no había ninguna respuesta. Un día fuimos a un shopping con este matrimonio amigo, nos sentamos a tomar un helado y les pregunté cómo andaba todo. Él me contestó. “No sé, están confundidos y estamos abriéndonos a pensar que quizás este es el muchacho que Dios tenía preparado para ella, y no el anterior”. Entonces perdí la noción del lugar donde estábamos y exclamé: “¡No! ¡Mentira! Es imposible. Dios no opera así. No sé quién es ese joven, pero jamás Dios puede obrar de esta manera. Ustedes se están rindiendo y tienen que hacer guerra espiritual, porque no hay oración más poderosa que la de una mamá y un papá. Si ustedes derraman su corazón y toman autoridad para hacer guerra espiritual, esta batalla no se perderá y ella volverá al Señor. No sé si volverá con su esposo o no, pero a mí me interesa ella con Dios y esto no lo podemos entregar. Así que los exhorto, hagamos un pacto para hacer guerra espiritual”. Les recité el texto de 1 Samuel y les dije que no íbamos a parar hasta que el diablo la devolviera. Y me puse a hacer guerra espiritual ahí mismo en la heladería. Nos abrazamos, lloramos y nos fuimos a casa. A las 72 horas me llamó la mamá por teléfono llorando y me contó que hicieron guerra espiritual desde ese mismo día, a la noche, todos los días con su esposo. Y ahora el muchacho la acababa de dejar, le dijo que estaba confundido y no la quería ver más, y ella desconsolada estaba volviendo a casa con sus padres. El diablo tuvo que soltarla porque su instrumento en ese momento era ese joven, quien irracionalmente tomó la decisión y la devolvió. Hoy es una líder de nuestra congregación que sirve al Señor para Su gloria.

Los padres tenemos que ser modelo espiritual de nuestros hijos. Dios te llama a ser la cabeza espiritual y no hay mejor inversión que invertir de Él en tus hijos. Los hijos de nuestra sociedad tienen modelos de papás cancheros, o con plata, o cibernéticos; pero ¿tú sabes lo que representa que tus hijos te tengan como modelo espiritual? Mis hijos me siguen teniendo como pastor a mí y me vienen a pedir consejo a solas en todas sus cuestiones. No dejes que nadie, ni el diablo ni ninguna persona, te robe ese privilegio.

¿Qué modelo tienen mis hijos para imitar? Esa es la pregunta que debemos hacernos en lugar de mirar sus errores. Muchas veces en sus vidas ellos harán lo que te vieron hacer a ti. Como padres somos responsables de la crianza de nuestros hijos y daremos cuentas de cómo jugamos nuestro papel de cabeza de hogar. No negocies a tus hijos con el diablo. Tu relación con Dios refleja la relación con tus hijos. Yo no habría podido tener la relación que tengo con mis hijos, si no hubiera tenido la relación que tengo con Dios. No podrás cumplir tu rol de padre con excelencia, si tu relación con Dios no es excelente, y viceversa.

Nunca es tarde, no importa la edad que tengan tus hijos. Dios no le dijo a David que traería a su gente de vuelta, sino que le ordenó ir a buscarlos porque no se habían perdido. Ve a buscar a tu hija, ve a buscar a tu hijo. Haz guerra espiritual y cuando Dios te diga “ya”, como le dijo a David, deja el lugar donde estás y ve a buscarlos. Nosotros muchas veces no le creemos totalmente a Dios, pero Él hará el milagro. ¡Gloria al Señor!

NUESTROS HIJOS