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LA ACTITUD CORRECTA

Rafael Pedace
LA ACTITUD CORRECTA

La humanidad entera y cada sociedad en particular viven una crisis que parece no tener salida alguna. Una profunda decadencia social, las frustraciones y el descreimiento en los llíderes políticos, empresariales, sindicales y aún religiosos, han llevado a la gente al total escepticismo.

Crece a diario la inseguridad física y económica, la degradación moral, la injusticia social, la corrupción generalizada, la pérdida de valores. Se intuye que algo debe pasar, las cosas no pueden seguir así. Jesús describe este temor expectante de la siguiente manera:

“El miedo y la expectación de las cosas que sobrevendrán en la tierra hará que los hombres desfallezcan, y los poderes celestiales se estremecerán.” San Lucas 21:26 RVC

Como embajadores del Reino de Dios en la tierra tenemos un rol trascendente. Dar a conocer los principios del Reino, establecer la plataforma del Reino y anunciar que el Rey viene pronto. Se espera de nosotros que nos expongamos con autoridad y seamos la voz creíble de Dios en esta hora aciaga.

“Porque la creación aguarda con gran impaciencia la manifestación de los hijos de Dios.” Romanos 8:19 RVC

Dos personajes de la historia bíblica nos pueden ayudar a interpretar actitudes con profunda trascendencia sobre sus generaciones.

Pedro escribe acerca de Lot, indicando que:

“...vivía abrumado por la desenfrenada conducta de los malvados.” 2 Pedro 2:7b RVC

Lot vivía hastiado, amargado y apesadumbrado, pero no tuvo la capacidad de soñar y luchar por un cambio. Su historia, y la de su mujer, nos servirán para recordar y no cometer los mismos errores. Es el ejemplo del ministro formal, devoto, aunque inoperante. Estaba en el lugar apropiado, tenía las herramientas para ejercer una influencia relevante, pero todo quedó en la nada. Conociendo a Dios, se permitió estar abrumado en vez de estar animado por la confianza en su Padre.

Lot era un juez en Sodoma, se sentaba a las puertas de la ciudad. Tenía la responsabilidad de administrar justicia. Sin embargo, ante el desenfreno de la turba, intenta negociar que no cometan atropello sexual contra sus huéspedes, ofreciendo a sus hijas en canje. Incluso fue tan lejos que los llamó “hermanos”. Había tomado el pecado de Sodoma demasiado ligeramente.

Lot es un ejemplo de lo que un acomodamiento a la cultura contemporánea puede producir en un ministro del Reino. Él estaba claramente engañado. El pecado generalizado había producido en él una condición tan extrema que estaba dispuesto a perder todo, incluso a su familia, con tal de guardar las apariencias.

La descripción de Lot es: justo pero ineficaz. Atosigado por su inoperancia, toda su generación pereció. Fracasó como ministro del Reino.

El segundo personaje es José. Me inspira la vida de José, de quien habla el escritor a los hebreos:

“Por la fe José, al morir, mencionó la salida de los hijos de Israel, y dio mandamiento acerca de sus huesos” (Heb. 11:22NTV).

José se animó a soñar y a confiar en el Dios que le había prometido estar siempre con él. Su sueño era mucho más grande que haber llegado a ser el primer ministro del poderoso imperio egipcio. Él estaba seguro de que su pueblo sería un día liberado y regresaría a poseer la tierra de promisión.

A diferencia de Lot, José no se dejó vencer por la frustración o la desesperanza. El ambiente era hostil, pero él permaneció fiel y firme en sus convicciones. Fue el mejor hijo, un hermano ejemplar, esclavo destacado, un sirviente atento, administrador eficiente, intachable en su moral, preso trabajador, compañero sensible en la cárcel, paciente, visionario y estratega, con un corazón sano y un hombre lleno de fe.

Dos modelos con marcadas diferencias. Lot depresivo, enojado con su tiempo y sus circunstancias. Era consciente de la degradación moral de su ciudad, pero fue ineficaz para producir un cambio transformador. Se lo describe como “justo”, como una expresión de la amplitud inconmensurable de la Gracia de Dios sobre su vida.

José, por su lado, atravesando circunstancias aún más duras que Lot, se mantuvo firme en la esperanza de que quien le había dado su sueño, era más que poderoso para llevarlo a su cumplimiento. Sufrió lo indecible, pero como modelo y tipo de nuestro Señor, pudo soportar con hidalguía el tiempo de sinsabores, con la certeza de que su sueño se cumpliría, que habría recompensa dispuesta para él. Su actitud logró que toda su generación fuera preservada con vida. No hacen falta multitudes para marcar la diferencia. Una sola persona puede influir en su tiempo tanto para destrucción como para restauración.

¡¡¡LOT PERDIÓ A SU GENERACIÓN, JOSÉ LA PRESERVÓ!!!

Como ministros del Rey, que nos levantemos de la apatía, la queja y la inoperancia. Recibamos la unción de José para ser agentes de preservación de nuestra generación.

ACTITUD