Artículo

la vida personal del pastor

HAZTE UNA PRUEBA DE PATERNIDAD

Por Carlos Mraida
HAZTE UNA PRUEBA DE PATERNIDAD

El sentimiento de rechazo es una piedra fundamental en la fortaleza de la autoestima pobre. En la atención de tantos pastores, he comprobado que algunos experimentan rechazo desde el vientre materno. Siendo ya personas adultas, sus padres se encargaron de confirmar ese rechazo experimentado, diciéndole cosas como: “No quisimos tenerte”, “No nos cuidamos y te tuvimos”, “No queríamos tener hijos, pero ocurrió un accidente… y naciste”.

Internamente la persona decodifica estas palabras de la siguiente manera: “Si ni siquiera mis padres me quisieron tener, eso significa que mi vida no merece ser estimada y amada por nadie”, “Si mi vida es el efecto de una casualidad, nada de lo que yo pueda hacer mejorará mi suerte”.

Y desde ese primer instante de la concepción en adelante, son muchos los que sientes que la vida y las personas los viven rechazando. Otros no lo percibieron en el vientre materno, pero desde pequeños sufrieron la desatención, la negligencia, la ausencia afectiva de sus padres.

Y mucho de lo que experimentamos al comenzar la vida, sigue marcándonos el resto de los años. Si experimentamos rechazo, nos seguimos sintiendo rechazados el resto de la vida. Y no importa que otras personas sí nos manifiesten amor y valoración, en el fondo no les creemos, porque hemos sido tatuados emocionalmente con el estigma del rechazo.

Y como nuestro corazón fue marcado por el rechazo, solo podemos dar lo que hemos recibido primero: rechazo. Y no solo nos sentimos rechazados por los demás, sino que vivimos rechazando inconscientemente a los otros. Y eso mismo lo espejamos en el ministerio.

En algunos pastores se les nota en su imagen, descuidados, desprolijos, con poco afecto por la higiene. Porque si mi autoestima es negativa, ¿cómo podrá ser positiva mi autoimagen?

Lamentablemente esto limita a muchos pastores en sus ministerios y a las personas a las que pueden alcanzar con el Evangelio.

En otros pastores, el síndrome del descuido se manifiesta en la manera en que tratan su salud: negligencia en la alimentación, en el descanso, en el sedentarismo.

Cuando se nos ha dicho que nuestra vida ha sido el resultado de un accidente, no es extraño que el resto de nuestra vida siga igual. Es decir, que vivamos vidas accidentadas y que seamos el blanco de la “mala fortuna”.

Pero, ¿qué si nuestro comienzo no fuera nuestro verdadero comienzo? ¿Qué si nuestro principio no fuera nuestro origen? ¿Qué si el día de nuestro nacimiento fuera la fecha de nuestro cumpleaños pero no de nuestro verdadero origen?

En resumidas cuentas, si pudiéramos cambiar hoy nuestro comienzo, ¿podríamos cambiar lo que nos resta del camino?

Si la verdadera historia fuera que no falló el plan para matarnos sino que tuvo éxito el plan para que tuviéramos vida, ¿podríamos vivir de aquí en más plenamente, sin sentimientos de orfandad y abandono?

Mi respuesta es un sí absoluto. Tengo la plena certeza de que si puedes descubrir tu verdadero origen, tu identidad será completamente diferente, y por lo tanto tu futuro será absolutamente distinto.

“En amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad” (Efesios 1:5 RVR60).

Esta corta frase es poderosísima. Tan corta y explosivamente poderosa como una mecha encendida en un cartucho de dinamita. Nos habla de tu origen y de tres cosas vitales de tu génesis: momento, sujeto y motivación.

Momento

La Biblia nos dice que no se trata de una fantasía sino de la realidad. Que muchísimo antes de que tus padres biológicos te gestaran, ya habías sido predestinado por Dios. Así que tu inicio se remonta a millones de años antes de tu nacimiento.

Hasta hoy en el disco rígido de tu mente, estaba grabado tu comienzo, como el momento en que tus padres biológicos te concibieron. Pero hoy, por medio de la fe en La Palabra que nunca miente, se agrega un nuevo dato a tu memoria. Y si es cierto, en este mismo momento, tu futuro acaba de cambiar porque tu origen ha cambiado.

Sujeto

Aquí se trata de quién es el sujeto del versículo bíblico. El apóstol Pablo inspirado por el Espíritu Santo no menciona que mi origen verdadero son mi papá Juan y mi mamá Rosa. Tampoco menciona a tus padres. Porque nuestros padres biológicos no son el sujeto de la acción creadora de tu vida, ni de la mía. El sujeto es Dios Padre que te predestinó.

Te acaban de hacer un ADN y el resultado es que eres hijo de un Padre que no son tus padres.

Y si lo que nuestros padres pensaron, desearon, dijeron e hicieron o intentaron hacer, fue hasta hoy tan determinante para tu vida, ahora que sabes quién es tu verdadero Padre, lo que ellos pensaron, desearon, dijeron, hicieron o intentaron hacer ya no es tan importante.

Motivación

Y aquí entonces, adquiere importancia el tercer elemento de esta maravillosa frase: en amor. No eres el resultado de un descuido, no de un accidente, ni de una equivocación, ni de una casualidad, no de un destino impersonal. Eres la manifestación maravillosa del amor de Dios que luego en Cristo te adoptó como su hijo.

No eres un sobreviviente de un intento fallido, sino la expresión del intento exitoso de tu Padre de predestinarte y elegirte para que vivas una vida plena. Si el responsable de tu concepción no hubiera querido tenerte, tal vez harías bien en sentir que tu vida no merece estima ni amor. Pero ahora que entiendes que el verdadero Creador de tu vida te amó, es decir, deseó tenerte, ¿no será tiempo de empezar a pensar de otra manera de ti mismo? ¿No será tiempo de rechazar definitivamente el rechazo?

Ya no hay más excusas para esconderte detrás del fatalismo y la resignación. Porque no eres el fruto de una casualidad sino de una maravillosa decisión de Dios. El resto de tu vida de ahora en más estará marcada por el signo inicial: el amor de Dios.

Lo que sigue de aquí en más en tu existencia tendrá el mismo código genético: la vida plena triunfará sobre toda muerte, porque el plan eterno de Dios se alzará sobre cualquier plan destructivo.

Paternidad, Prueba