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la familia pastoral

EL TIPO DE PADRE QUE UN HIJO NECESITA

Por Jorge H. López
EL TIPO DE PADRE QUE UN HIJO NECESITA

Cuando se celebra un Día del Padre y cuando se habla de los papás siempre surgen sentimientos encontrados

La verdad, que aunque hay padres de todo tipo, no hay padres perfectos. Simplemente, porque somos seres humanos y todos los seres humanos tenemos nuestras gracias y nuestros defectos, nuestras cualidades y virtudes, así como tenemos nuestras debilidades y calamidades.

La pregunta que todos nos hacemos es ¿Qué clase de papá necesitan los hijos? La respuesta es simple: Un papá siempre presente.


Uno de los problemas que enfrentamos los hombres en la vida es que tenemos que repartir nuestro tiempo con los estudios, con el trabajo, con los viajes, con el deporte, con los amigos.

Pero ya casados tenemos que incluir en la agenda a nuestros hijos. Tenemos que estar con ellos todo el tiempo que se pueda, porque entre más chicos son, más necesitan de nosotros.

Créame, aunque  los hijos crezcan siempre necesitan de nosotros. Siempre le buscarán o porque se enfermó un hijo y quieren consejo o porque los están echando de la casa, porque no han pagado la renta en seis meses. Siempre será papá. Una vez papá, pasará toda la vida papá.

Una vez hijo, toda la vida hijo.

Un ejemplo claro de esto es la historia de El Hijo Pródigo. La vemos en Lucas 15:11-24. Un hombre tenía dos hijos, el menor de ellos le dijo a su padre: papá, dame lo que me toca de la herencia. Entre más viejo usted se pone más se oyen conversaciones de la herencia. Así que el padre repartió sus bienes entre los dos. Poco después el hijo menor juntó todo lo que tenía y se fue a un país lejano y allí vivió desenfrenadamente y derrochó su herencia.

¿Por qué no les damos a los hijos su herencia? Porque hay algunos que son como este que derrochan toda la plata, viven una vida desenfrenada. Cuando ya lo había gastado todo, sobrevino una gran escasez en la región y comenzó a pasar necesidad. Así que fue y encontró empleo con un ciudadano de aquel país, quien lo mandó a sus campos a cuidar cerdos. En ese entonces, cuidar cerdos para un judío era algo fuera de la ley, además los cerdos en aquellos tiempos no tenían las granjas tan limpias como existen hoy en día… El hijo pródigo el único empleo que encontró fue ese.

Dice el versículo 16 que tanta hambre tenía que quería llenarse el estómago con la comida que les daban a los cerdos, pero aun así nadie le daba nada. Es duro cuando se deja la casa de sus papás y derrocha todo lo que sus papás les dieron y se queda sin nada. Busca y busca trabajo y lo único que encuentra es cuidar cerdos. Busca que le den y no le dan nada, allí empieza a apreciar la bondad y generosidad de sus papás. Al fin recapacitó y dijo cuántos jornaleros de mi padre tienen comida de sobra y yo aquí me muero de hambre. Tengo que volver a mi padre y decirle: papá, he pecado contra el cielo y contra ti, ya no merezco que me llames tu hijo, trátame como uno de tus jornaleros. Así que emprendió el viaje y regresó a su padre. Todavía estaba lejos cuando su padre lo vio y se compadeció de él.

Esa es una característica de un padre perfecto, un padre que se compadece de un hijo que malgastó todo lo que le dieron, de un hijo que derrochó todo lo que le dieron y que regresa en la vil calle. Ahí venía hecho un asco, un hombre sucio, un hombre con olor a marranos sucios, con el pelo y las uñas descuidadas. El padre se compadeció cuando vio a su hijo venir. Si tiene la experiencia de un padre que lo ama a pasar de lo tonto que es, a pesar de lo haragán, a pesar de lo dejado que es, de lo ingrato que es, debería tirarse de rodillas al suelo y darle gracias a Dios porque nadie más lo va a amar igual, nadie lo va a cuidar igual, nadie le va a dar de comer igual, nadie le va a aguantar sus soberbias y malcriadezas.

Este padre vio a su hijo y se compadeció de él, salió corriendo a su encuentro, lo abrazó y lo besó. Para hacer esto, debe haber mucho amor de por medio. Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo. Pero el padre dijo a sus siervos: Sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies. Pero el padre ordenó a sus siervos: “¡Pronto! Traigan la mejor ropa para vestirlo.

Pónganle también un anillo en el dedo y sandalias en los pies. Traigan el ternero más gordo y mátenlo para celebrar un banquete. Porque este hijo mío estaba muerto, pero ahora ha vuelto a la vida; se había perdido, pero ya lo hemos encontrado.” Así que empezaron a hacer fiesta.

La costumbre judaica era que al primogénito se le daban dos terceras partes que al menor, siempre recibía más que los demás. Cuando volvió, el mayor se molestó porque había vuelto el hermano que había desperdiciado todo. ¿Qué le habría pasado a este hijo perdido, hijo prodigo, si al regresar a su casa su papá se habría ido con otra  señora y no hubiera estado ahí?

¿Hubiera salido el hermano mayor a recibirlo con una brazo, con un beso, a decirle aquí están las facturas,  aquí está la firma, tu puesto, tu herencia en la empresa? Lo más seguro es que no,  por eso digo que un papá lo mejor que le puede dar a su hijo es estar presente cuando él  lo necesite.

Hace poco hablaba con un hijo espiritual y me decía — Pastor, yo sé que tengo casa y tengo papá porque tú eres mi padre  espiritual —. Y qué bueno que podamos ser personas que estamos presentes cuando nuestros hijos lo necesitan. Recordemos que ellos están sedientos de amor, de afirmación, de tener alguien como ejemplo e inspiración. Para amar a nuestros hijos se necesita tiempo, he dicho en otras ocasiones que amor para nuestros hijos se deletrea T -I – E -M -P -O y eso es lo que muchas veces no tenemos.

Uno de los primeros libros que escribí y que le recomiendo leer y compartir con sus hijos y sus amigos  es Escuela para padres. Hay una lectura que les quiero compartir que dice: “Soy como papá. Mi hijo nació hace pocos días y llegó a este mundo de una manera normal, pero yo tenía que viajar, tenía tantos compromisos. Mi hijo aprendió a comer cuando menos lo esperaba, comenzó a hablar cuando yo no estaba. Cómo crece de rápido mi hijo, cómo pasa el tiempo.

Mi  hijo a medida que crecía me decía papá, algún día seré como tú. ¿Cuándo regresas a casa papá? — No lo sé hijo, pero cuando regrese jugaremos juntos, ya lo verás —. Mi hijo cumplió años hace algunos días y me dijo gracias por la pelota papá. ¿Quieres jugar conmigo? — Hoy no hijo, tengo mucho que hacer —. Está bien papi, otro día será. Se fue sonriendo y diciendo como siempre “yo quiero ser como tú”.

Mi hijo regresó el otro día de la universidad hecho todo un hombre. — Hijo, estoy orgulloso de ti, siéntate y hablemos un poco —. Hoy no papá, tengo compromisos. Ya me jubilé y mi hijo vive en otro lugar, hoy lo llamé: ¡hola, quiero verte! Me encantaría padre pero no tengo tiempo, tú sabes, el trabajo, los  niños, pero gracias por llamarme, fue increíble oír tu voz. Al colgar el teléfono me di cuenta que mi hijo era como yo. Lo que se siembra se cosecha. Si algo necesitan nuestros hijos es tiempo.

Dios al que ama corrige y castiga  al que tiene por hijo. Un padre también tiene que corregir, pero hay papás que solo se les va en corregir, corregir y corregir y nunca afirmar, afirmar y estimular. Nunca seguimos el ejemplo del Padre perfecto que está en los cielos. En Mateo 3:13 dice que cuando Jesús fue bautizado en agua y salió del agua, dice que una voz del cielo decía: “Éste es mi Hijo amado; estoy muy complacido con él.” El Padre perfecto que está en los cielos nos expresa su amor, su complacencia, nos afirma e igual tenemos que ser con nuestros hijos.

Antes de corregirlos es importante construir una buena relación de comunicación y amor con ellos. Hay que construir primero el puente de buena comunicación con nuestros hijos, para trasladar luego las palabras de la corrección. Si ellos saben que los amamos aceptarán bien cuando les corrijamos o les regañemos. Es importante que conozcamos a nuestros hijos muy bien.

Cuando un padre muere muy pocas veces se habla en público de la herencia, pero se habla de la experiencia que se vivió con él. ¿Cuál es la experiencia que van a recordar nuestros hijos?

Hay hijos que no tienen papá, muchos. Se murió, nunca los reconocieron, desapareció, inmigró al extranjero y crecieron como huérfanos prácticamente. Ahí es donde hay hijos que necesitan un papá sustituto, puede ser usted y puedo ser yo. Cada uno de nosotros en nuestra congregación, en nuestra casa, en nuestra cuadra podemos ser papás sustitutos para algunos.

Pablo que fue papá sustituto para Timoteo dice en 1 Timoteo 1:1- 2 “Pablo, apóstol de Cristo Jesús por mandato de Dios nuestro Salvador y de Cristo Jesús nuestra esperanza, Timoteo, mi verdadero hijo en la fe”.  Y lo repite en Filipenses 2:22 “Pero ustedes conocen bien la entereza de carácter de Timoteo, que ha servido conmigo en la obra del evangelio, como un hijo junto a su padre.” En la Biblia se habla de la abuela, de la mamá, pero nunca del papá de Timoteo, que encontró en el apóstol Pablo un padre sustituto. El Salmo 68:5 dice “El padre de los huérfanos y defensor de las viudas es Dios en su morada santa”. Si usted es huérfano busque a Dios, Él es el padre perfecto, va a estar con usted. El Salmo 27:10 dice “Aunque mi padre y mi madre me abandonen, el Señor me recibirá en sus brazos”. Hay momentos en la vida en lo que uno necesita ser recibido en los brazos, ser consolado y ser ayudado. A veces nos toca en la carrera de la vida sufrir y pareciera que no vamos a terminar. No importan las caídas, los dolores, las dificultades que hayamos tenido, con la ayuda de Dios nuestro Señor vamos a lograrlo.

padre, hijo, jorge h lopez