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AMOR DE MI VIDA

Por Pedro Ibarra
AMOR DE MI VIDA

El matrimonio es un reflejo de este tema: el camino del altar y de nuestra relación con Dios. Si yo dijera que mi esposa es buena, amorosa, pero yo pudiera sospechar y hasta decir que “la puedo cambiar”, entonces eso significa que ella no tiene todo mi amor porque podría ser reemplazable. Pero cuando yo declaro que ella es irreemplazable es porque encontré el verdadero amor de mi vida.

Con Dios sucede exactamente lo mismo, en Él hemos encontrado el amor de nuestra vida. Y como tal, es imposible mirar para otro lado; Dios nos atrae, nos cautiva, nos subyuga.

C. S. Lewis, el autor de “Las Crónicas de Narnia”, hizo esta gran confesión: Yo he sido creado y tengo un lugar que con nada ni con nadie de este mundo lo puedo llenar; yo creo que debe haber algo o alguien que no es de este mundo que es para saciarme a mí. Más tarde, conoció al Señor y supo qué era lo que estaba buscando.

Para todos los que hemos encontrado al Señor, Él es el amor de nuestra vida. Pero sin importar el avivamiento o la madurez que tengamos, siempre podemos en algún momento experimentar una especie de “divina insatisfacción”. Mientras más conocemos a Dios, más queremos conocerle; mientras más nos enamoramos de Él, más nos damos cuenta de lo que nos falta.

Dios es insondable, y el amor se va profundizando. Siempre hay más: una puerta más, una gracia más, una revelación más; Dios tiene la capacidad de sorprendernos a Sus hijos. Y esa dependencia proviene de Dios Creador. Cuando el Señor está creando el mundo que conocemos, le habla a una fuente, como por ejemplo el agua, y comienzan a aparecer los peces. Luego ve la fuente que se llama tierra, le habla a la tierra y aparece el mundo vegetal. Y finalmente, hace algo gloriosamente distinto, no le habla a nada ni a nadie sino que se habla a sí mismo y dice: Hagamos al ser humano a nuestra imagen y semejanza.

Si yo saco al pez del agua, se convierte en pescado y muere. Si saco a la planta de la tierra, que es su fuente, su nutriente, se seca. Si saco al hombre de su realidad espiritual que es Dios, se muere. Entonces necesitamos de esa espiritualidad, estar enamorados de Dios.

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