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ACUERDOS QUE BENDICEN

Por Andrés Neznajko
ACUERDOS QUE BENDICEN

Éste, era el nieto de Noé, conocido como un hombre que hacía todo conforme a lo que Dios mandaba. Sabemos que Dios nunca se olvida de los justos ni de su descendencia. Dios hizo un pacto con su abuelo Noé, donde lo bendijo y estableció un arco de maravillosos colores como señal sobre la tierra de que nunca más enviaría un diluvio semejante, que exterminaría a la humanidad.

Este personaje bastante desconocido nombrado al principio, llegó a ser el primer poderoso en la tierra; Nimrod, vigoroso cazador de Dios. Tanto poder obtuvo este hombre y tan apasionado líder que llegó a fundar ciudades reconocidas. Su primer reino fue Babel, y en la tierra de Sinal reinó sobre Erec, Acad, y Calne. Luego fue creciendo en poder y en Asiria construyó Nínive, Rehobot, Cala y Resén, entre Nínive y Calá. Nimrod, descendiente de Noé y los sucesos que vivió me recuerda a la iglesia actual.

Y vos me dirás ¿Qué tiene que ver Nimrod y la iglesia en la actualidad? Nimrod construía, innovaba, creaba, reinaba, iba hacia adelante, nada lo detenía. Seguramente generaba cambios e innovaciones y esto provocaba admiración, y me imagino también algo de celos. Pero no debemos olvidar que este personaje tan poco conocido pero tan importante en la historia bíblica, contaba con el apoyo y el favor de Dios.

Actualmente, algo parecido sucede en la iglesia, es común que los líderes juveniles llenos de fuerza, juventud, entusiasmo, como aquel cazador de Dios, Nimrod, quieran avanzar, conquistar, construir, innovar, es decir generar cambios; mientras que los líderes pastorales o la comisión de la iglesia se resiste a efectuar cambios en reuniones, cultos o liturgias.

Los jóvenes líderes buscan que todo sea más atractivo, relacional, funcional y sobre todo estar en sintonía con las necesidades y situaciones actuales. Es ahí donde se genera el choque de expectativas por la brecha generacional que los separa.

A las reuniones, servicios y cultos yo las denomino las actividades formales.

Las actividades formales de la iglesia sin duda requieren un análisis más profundo. No puede ser que desde el año 300 con Constantino adaptamos un modelo de un banco detrás del otro, como si existiera algo espiritualmente transformador el mirarnos las nucas uno tras otro. No tiene nada de malo eso, lo triste es pensar que es la única manera de hacerlo.

El Señor Jesús en Mateo 28:18-20 nos dijo: “Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo: enseñándoles que guarden todas estas cosas que les mando: he aquí yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo. Amén.”

Lo que nunca Jesús dijo es cómo debemos hacerlo. ¿No te parece muy bueno que nos deja una tarea, pero nos da libertad? no nos encasilla en métodos o estrategias, no nos da estructuras o formatos a seguir. Cada vez que recuerdo una época en que atravesé por dolorosos procesos de división en la iglesia, noté que el enemigo de nuestras almas utiliza las actividades informales, que se realizan fuera de la iglesia, para infundir divisiones y conflictos. Jamás una división se nutre o inicia en las reuniones formales. Esto ocurre luego de estar mucho tiempo con personas compartiendo tiempo y charla. Y por decirlo de un modo bíblico; hablar una misma lengua y unas mismas palabras, es decir realizar acuerdos.

¿Acuerdos para realizar división?

¿Acuerdos para dividir una iglesia?

¿Acuerdos para destituir al pastor?

¿Acuerdos para bajar a los líderes?

… En síntesis, acuerdos para realizar destrucción.

Es entonces cuando vuelvo al capítulo 11:6-8 de Génesis donde Dios dice: “He aquí el pueblo es uno, y todos éstos tienen un solo lenguaje; y han comenzado la obra, y nada les hará desistir ahora de lo que han pensado hacer. Ahora, pues, descendamos y confundamos allí su lengua; para que ninguno entienda lo que habla su compañero.”

No es que Dios tenía miedo de los hombres, en realidad los estaba cuidando, ¿De quién? De ellos mismos.

En relación a lo que hablé al principio, lo que yo llamo las poderosas reuniones formales, donde jóvenes y adultos deberían ponerse de acuerdo y hablar un mismo lenguaje para extender el reino y no para destruirlo, para bendecir y para evangelizar, ahora, quiero presentarte lo que yo llamo las poderosas actividades informales.

Debemos utilizar estos espacios para fortalecer el propósito de la iglesia, evangelizar, crecer en unidad, discipular con nuestras vidas, compartir no de pecados, sino de las luchas, orar los unos por los otros, en síntesis; hablar una misma lengua. Tomar esos contextos para escuchar acerca de los sueños e ideas que surgen entre todos para cumplir con la gran comisión. Llegar a acuerdos entre la experiencia y la juventud, entre adultos y jóvenes, para servir a Dios.

Si Satanás utiliza estos espacios para nutrir desunión y rencores, ¿Qué nos hace pensar que estos espacios informales no son poderosos para fortalecer la fe, extender el reino y construir unidad?

Que que la creatividad, influencia, claridad, sabiduría, conocimiento, favor y mente sana sean activadas en tu vida, para cumplir con la gran comisión.

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