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crecimiento del ministerio

3 REQUISITOS PARA SER COMPETENTES

Daniel González
3 REQUISITOS PARA SER COMPETENTES

Competencia y sabiduría son condiciones indispensables para manejarnos en todo tiempo, pero de manera especial en tiempos donde surgen dificultades de cualquier índole, incluidas las económicas. Esto no significa que no tengamos fe, por el contrario, se necesita tener fe para activar los principios de La Palabra de Dios y creer que como ella no vuelve vacía, si la ponemos por obra, tendremos abundancia de provisión.

La competencia tiene que ver con la cordura, y resulta interesante que La Biblia la coloque antes que la sabiduría. ¿Por qué? Porque la competencia nos brinda la capacidad de anticiparnos, de ver lo que viene, de medir nuestros actos y nuestras acciones. Ser una persona competente, o prudente, te preserva. Cuando conduces un automóvil, o al manejarte en distintas áreas, si demuestras competencia en lo que haces, estás preservando tu vida.

Si eres pastor o líder, cada vez que seas competente, estarás preservando tu ministerio y la vida de las familias de tu congregación.

La competenica tiene tres condiciones esenciales para su funcionamiento:

1. Saber calcular

No tienes que preocuparte, sino “presupuestar”, es decir, tener la capacidad de calcular. Jesús preguntó: “¿Quién de ustedes, queriendo edificar una torre, no se sienta primero, se toma su tiempo y calcula los gastos para ver si tiene lo que necesita para terminarla?”. Hemos sido ministrados para desatar fe y conseguir un millón de dólares para realizar nuestra campaña. No podemos lanzarnos a hacer la campaña y después ver cómo se consigue el millón de dólares que necesitamos. En este sentido, el orden de los factores sí alteraría el producto, por eso necesitamos fe para creer que los recursos vienen. Pero también tenemos la competencia y la prudencia que enseña Jesús. Una persona de fe también necesita sentarse y hacer los cálculos, y esto debe empezar por los pastores, porque no es una sugerencia del Señor, sino un mandato. Podemos obedecer o desobedecer lo que La Biblia dice, sin embargo, tengamos en cuenta que Jesús dice que somos Sus amigos, si hacemos lo que Él dice. No se trata de buscar mayor entendimiento, sino de sentarse y hacer los cálculos, diferenciar los gastos esenciales de los superfluos. Es en las épocas donde existe una determinada coyuntura difícil que uno necesita tener bien en claro qué es básico y qué es secundario, y si bien todos queremos extendernos y disfrutar de determinadas cosas, tanto en lo personal como a nivel iglesia podemos hacerlo, pero teniendo en claro la diferencia que existe entre aquello que es básico y aquello que es superfluo. El apóstol Pablo escribió que “teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con eso”, es decir, con lo básico. Ahora, si además de lo básico adquirimos una pantalla para nuestra congregación, bienvenida sea, pero hagámoslo desde la prudencia, como enseña La Escritura, diferenciando gastos esenciales de gastos superfluos. En este punto, recomiendo enfáticamente a las congregaciones contar con un mes de ingresos en caja, porque no hay nada mejor durante tiempos difíciles que poder anticiparse.

La visibilidad da previsibilidad cuanta más visibilidad tienes, más previsible puedes ser. Si tu congregación maneja diez mil, veinte mil, cincuenta mil o cien mil pesos, asegúrate que pueda estar ese dinero en caja para que el primer día del mes se paguen todos los gastos de ese período por adelantado, aun los que vencen el día 20, y que todo lo que haya ingresado el mes anterior no se toque hasta el primer día del mes siguiente. Económicamente es lo mismo, pero financieramente es completamente distinto. No es lo mismo subir a predicar a un púlpito sabiendo que todos los gastos están cubiertos, que hacerlo con la idea en mente que debemos recaudar “tanto” para cubrir determinado gasto en la semana. No des ocasión al diablo para que te tiente, sé competente, sé prudente, anticípate. De esta manera todo lo que se recaude un mes irá destinado para el mes siguiente, y así tú estarás anticipado y dejarás de correr detrás del dinero para estar posicionado económicamente. No se trata de una cuestión de caja, sino, una cuestión mental, espiritual e incluso de salud física. ¿Por qué? Porque reduce el estrés y la presión sanguínea, y te permite ver con claridad todo tipo de situación. Tómalo como una prioridad, aunque te parezca que en lugar de tener ese dinero guardado por un mes conviene hacer otra cosa, el poder anticiparte te permitirá generar otras actividades, y además dar el testimonio de que no estás desesperado sino anticipado a la situación. Si los miembros de tu congregación espejan este proceso, ellos también estarán anticipados, podrán servir mejor al Señor y disfrutar más de la familia. Estarán en control de sus circunstancias.

2. Ser generoso

No hay mayor imprudencia que cerrar tu mano, porque Dios da semilla al que siembra y aquel que siembra generosamente también cosechará generosamente. No cometas el error de cerrar tu mano, porque hay quienes reparten y les es añadido más, pero hay quienes retienen más de lo que es justo y vienen a pobreza. Dice La Escritura que el alma generosa será prosperada y el que saciare a otro también será saciado. Esto apunta a las misiones, a las campañas evangelísticas y al hecho de que parte de los ingresos de tu congregación se siembren en el Reino de Dios, en ministerios que no tengan que ver con tu congregación pero que puedan recibir tu apoyo y a cuestiones nacionales como Argentina Oramos Por Vos, los Consejos Pastorales, etc. Por eso, abre tu mano, ¡no limites la bendición de Dios! Si sabes que en tu ciudad hay un siervo que está en necesidad o en medio de un proyecto, siémbrale. A veces tenemos la tendencia de sembrar en cualquier parte, menos en el lugar que tenemos en frente de nuestros ojos, literalmente al alcance de nuestra mano. Leemos en Deuteronomio 12:13: Cuando ofrezcas holocaustos, cuídate de no hacerlo en el lugar que te plazca. “El lugar que te plazca” es ese que titila, que llama la atención, que parece de moda, pero del que no puedes estar seguro de que cumpla la misión. Hay mucho para sembrar en tu ciudad, en tu provincia, en este bendito país, en Argentina Oramos Por Vos. Si quieres construir un templo, tienes que ayudar a construir otro templo primero, pero ten cuidado de no consagrar tus holocaustos (tus ofrendas) en cualquier lugar que vieres, sino donde Dios te indique, en un ministerio sano, y sobre todo, que tenga una visión de Reino. Si siembras en una visión de Reino, cosecharás bendiciones de Reino, porque conforme la semilla es la especie del fruto.

3. Alejarse de la manipulación

Aleja toda manipulación de tu vida, ni siquiera es una opción. Ya no busques fórmulas mágicas y ábrete a los principios bíblicos de Su Palabra. No existen fórmulas mágicas, sino principios divinos, que cuando son activados, dan el efecto para el cual el Señor los ha enviado. No copies modelos antibíblicos que circulan por Internet y por televisión, modelos que no tienen nada que ver con lo que La Escritura enseña. Actualmente hay una tendencia a “estar conectado”, pero el peligro es que los ministerios se conectan espiritualmente y después aparecen los problemas, en algunos casos, catastróficos. Por eso, busca primeramente el Reino de Dios y Su justicia. Por justicia entendemos ser justos, querer para la gente de nuestra congregación lo mismo que queremos para nuestros hijos. Si tomas las decisiones estratégicas en función del Reino, puedes estar seguro de que Dios se ocupará de que haya sobreabundancia, de que Él suplirá toda la añadidura que tu ministerio necesita.

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