Artículo

la familia pastoral

INTIMA AFINIDAD ENTRE AMBOS SEXOS

Por Omar Cabrera Jr.
INTIMA AFINIDAD ENTRE AMBOS SEXOS

Actualmente, y alrededor del mundo, cada día se multiplica más el ataque al matrimonio; el cual el Señor estableció como la base fundamental para construir la familia, y a ésta como cimiento para edificar la sociedad. Pero hoy en día es esa misma sociedad con las leyes que dicta, con la influencia de los medios que está atacando directa y violentamente tanto al matrimonio como a la familia.

Leemos en Génesis 2:21: “Dios hizo caer un profundo sueño sobre Adán y mientras dormía tomó una de sus costillas y cerró la carne en su lugar. De la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre. Dijo entonces Adán: «¡Esta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne! Será llamada “Mujer”, porque del hombre fue tomada». Por tanto dejará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán una sola carne. Estaban ambos desnudos, Adán y su mujer, pero no se avergonzaban”. Dios, durante la creación, cuando concluía una etapa, decía que era buena Su obra. Génesis 1 y 2 repite: ‘y vio Dios que era bueno’, y ‘vio Dios que era muy bueno’; pero cuando ve al hombre solo, Él dice: “No es bueno que el hombre esté solo”, y decide crear a la mujer como la ayuda idónea, a fin de que ella sea su compañera, su complemento; y a través de ella establecer la perpetuidad de su creación. A través de la relación matrimonial entre un hombre y una mujer se engendra la familia, la descendencia; a causa de la orden que Dios le dio a este primer matrimonio: multiplíquense y llenen la Tierra.

Cuando el diablo vio lo que Dios había creado, se acercó a la mujer para comenzar a destruir el plan divino, familiar y perfecto trazado para el matrimonio y para la humanidad. Se acerca en forma de serpiente (el más astuto de los animales, cita Génesis capítulo 3), y le dice a la mujer: “¿Conque Dios os ha dicho…?”. Lo primero que el diablo hace es poner duda, plantar la semilla de la desconfianza en el corazón de la mujer: “¿Así que Dios dijo…?”; creo que es el argumento que el enemigo sigue usando hasta el presente. ‘¿De veras que Dios dijo que hay que permanecer con una sola persona hasta que la muerte los separe?’, ‘¿Así que Dios dijo que hay que permanecer vírgenes y puros hasta que te cases?’, “¿Conque Dios dijo….? “; y con estos argumentos el diablo siembra la duda en nuestros corazones, cuestiona el plan perfecto de Dios para el matrimonio y para la familia, ataca directamente lo que Dios ha instituido. Dios dijo: ‘Serán una sola carne’, y el diablo hablando con la mujer estaba atacando esa unidad existente entre Adán y Eva. Esa arremetida ha sido tan directa y tan frontal que, Adán y Eva terminan desterrados de este jardín plantado por Dios mismo y provisto de todo lo necesario para ellos; y entre los hijos de Adán y Eva se produce el primer asesinato cuando un hermano mata al otro. Y sigue el ataque del diablo de una manera descarada en contra de los matrimonios y de las familias, arruinando la unidad, plantando duda en el corazón, cuestionando el plan de Dios y a través de todo esto, separándolos y alejándolos de Dios y de Su plan perfecto.

Cuando ese mismo día que Adán y Eva habían pecado y comido del fruto que Dios le había pedido que no participen, aparece Dios llamándolo: Adán… ¿dónde estás?, ¡él estaba escondido! La respuesta de Adán demostró que había perdido la inocencia, que había pecado y se había cortado la intimidad para la cual Dios lo había creado. Adán le responde: “Oí tu voz en el huerto y tuve miedo, porque estaba desnudo; por eso me escondí” (Génesis 3:10). Y Dios le interroga: ¿Y quién te enseñó que estabas desnudo?, (hasta ese momento ellos había sido creados en un estado de inocencia, ambos estaban desnudos y no se avergonzaban el uno del otro). Muchos, al igual que el primer hombre, siguen escondiéndose, no se acercan a Dios porque se sienten indignos, están en desarmonía con su Creador.

Oro que hoy puedas escuchar el llamado del Señor; Dios te está buscando y llamando por tu nombre; cuando escuches tu nombre, acércate a Él, sabiendo que quiere perdonarte, bendecirte, impartirte fortaleza, liberación, establecer Su plan perfecto diseñado exclusivamente para tu vida. Adán escuchó la voz de Dios y por temor se escondió, reconociéndose descubierto. Que al escuchar la voz de Dios, o estas palabras, corras hacia Dios para encontrar el oportuno socorro, para presentarle tu problema, la situación matrimonial o la tus hijos, todas tus adversidades sabiendo que El Señor tiene cuidado de tu hogar.

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